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Escribe: Victor Tapia
Nota publicada originariamente en la revista format + v

“El público de rock, además, es fetichista. Así que cuando voy a un show, si me olvido de llevar discos, son ellos los que me los reclaman. Algo tenés que llevar. Así que el disco para mí no está muerto” (Rosario Bléfari. Página 12, 22 de enero de 2012).

A veces pareciera que el coleccionismo discográfico viviera de viejas glorias. De hombres grandes recordándonos lo difícil que era conseguir discos en los 70, diciéndonos a los jóvenes: “ahora es muy fácil para vos…ponés wikipedia y listo el pollo”. Y sí. Los dedos que quedaban mugrosos por revolver revistas y correr  sobres de vinilos (y también fumar) ya están más limpios; ahora se endurecen por tanto teclado. Y seguro que la vista de los viejos coleccionistas no está tan desgastada como sí lo estará la de las (por ahora) nuevas generaciones. Y por supuesto que el boca a boca o la caminata extensa por cuevas quedan relegadas por el listado preciso de páginas como Discogs.

¿Pero es todo tan fácil como creen los grandes? ¿Es todo  matemático, preciso y falto de sentimiento? Mis veinte años se niegan a creer eso. Incluso se enojan cuando escuchan esas recriminaciones que en realidad son solo envidia generacional.

Pero faltan los argumentos para contrarrestar esos dichos. Los cerrados, los que se creen muy grosos por tener 50 años y 40.000 discos que mantienen guardaditos en sus empaques parecen ganar la partida. No podemos negarlo: somos hijos de la banda ancha y el  odiado pero útil MP3. Y así el mundo de algo tan lindo y abierto como la música se repliega en sí mismo, gestando un ghetto de sabiondos que recuerdan épocas no tan buenas como quieren hacernos creer.

Hasta que uno conoce un género que los gerontes han dejado escapar. Y claro: el rock argentino de los 70 y los 80 es algo impresionante. Y en el caso de los 70, muy caro y difícil de coleccionar. Pero hay cosas tan complicadas de investigar o más. Y mucho más cercanas a nosotros. Estoy hablando del indie argentino de los 90, un género al que aún hoyWikipedia le es alérgica y todavía deambula poco por Discogs.

¿”Indie”de los 90? Precisemos los términos. A principios de dicha década nefasta en lo político pero gloriosa en lo musical, el disco Dynamo de Soda Stereo provocó que se le diese cabida a un montón de bandas que estaban relegadas del mercado musical. Ese álbum, poco bien recibido en su época y glorificado ahora, abrió la ventana a géneros como el shoegaze y el madchester. Eran lo  último de lo último de Inglaterra. Las guitarras ruidosas y cargadas de efectos aterrizaban en Argentina junto a las voces grabadas muy bajas.

De la mano de un melómano como Cerati (el tipo tenía una remera de Bauhaus cuando nadie los conocía en Argentina) y un genio como Melero salieron a la luz bandas como Juana La Loca, Los Brujos, los primeros Babasónicos…. Todos grupos de estilo muy disímil pero que integraron la Movida Sónica, también llamada Nuevo Rock Argentino. La bocanada de aire fresco era grande: Juana La Loca traía el shoegaze, el Madchester y el noise de Jesus And Mary Chain en un solo paquete llamado Electronauta.

Pero hubo otro grupo de bandas que quedaron de alguna manera relegadas. No porque se llevasen mal con Melero (el Droopy del rock noventoso, estaba en todos lados) o con los Sónicos. Simplemente porque no poseían contrato discográfico. Y fueron llamados “independientes”: poco se sabía del indie y del Lo Fi aún. Por supuesto que los conocedores disfrutaban a los Sonic Youth y a los Pixies, pero lejos estamos de una escena indie como existe en La Plata actualmente. Y la influencia del rock inglés en Soda o Juana La Loca era más grande que la de bandas como Pavement o Smashing Pumpkins. Los medios masivos no ayudaban con la difusión (como siempre) y había que recorrer disquerías y comprar revistas under y fanzines. Sí, todavía era el auge de la búsqueda personal. Efectos paradójicos de las limitaciones: Rodrigo Martín de Juana cantaba parecido a Liam Gallagher de Oasis antes de que los de Manchester formasen Oasis. Todo porque al igual que los Gallagher, Rodrigo amaba a los Stone Roses y a su cantante Ian Brown.

Volvamos a los Independientes. Acá podemos encontrar a una banda como Suárez. Dicho grupo legendario, liderado por la hermosa cantante Rosario Bléfari y el bajista Fabio Suárez, destruye  las invectivas de los gerontes del coleccionismo. ¿Por qué? Porque ningún sitio de Internet posee un listado exhaustivo de su discografía. Si se la quiere completar, hay que recorrer casettes, revistas, compilados y Eps sabiendo que nunca se podrá tener la certeza de conocer todo lo que sacaron estos muchachos. El listado más completo lo tiene un sitio al que es difícil de acceder desde Google; pero aún así, está incompleto porque no se actualiza desde 1999. No sé quién pagará el hosting, debe estar por débito automático. Ojalá que quien pague la cuenta nunca se avive.

Suárez grabó un casette junto a Juana La Loca en 1992, para la revista Ruido. Cada banda poseía un lado para sus canciones.
Los temas de Juana aún no han sido editados en CD.  Pero mientras los muchachos de zona sur conseguían un contrato discográfico en 1993, los Suárez no conseguían ninguno. En 1994 hicieron un acto de valentía: crearon su propio sello, Feliz Año Nuevo Discos. Ese fue el refugio de numerosos grupos como Dios o Perdedores Pop. El under del under de los 90. Así Suárez sacó en el 94 “Hora de No Ver”. Allí se incluyeron dos temas que estaban en el casette de Ruido. Pero las otras dos canciones no fueron incluidas. Recién fueron incorporadas en la reedición de 2005.

Nótese que el coleccionista de Suárez debe lidiar con un casette y un cd de poca tirada. Sumemosle que el grupo tenía la costumbre de cambiar el arte de tapa con cada tirada:Hora de No ver posee cambios en el centro del CD en sus tres tiradas. Y en la última reedición, se le cambió el packaging. La situación no mejora con los otros lanzamientos.

En el 95 salió el genial álbum Horrible, una joya del Lo Fi argentino. En muchas entrevistas, los integrantes de Suárez decían desconocer la existencia de esta movida nacida en Estados Unidos, en la cual bandas como Pavement grababan en baja calidad sus obras. Sin embargo, el booklet de Horrible dice: “El sonido de baja fidelidad está registrado como una de las marcas de F.A.N (Feliz Año Nuevo Discos). Una señal sin rivales de alta tecnología. El sonido de baja fidelidad le presenta al oyente una nueva y multidimensional cara de los sonidos grabados cuando son reproducidos en aparatos stereo convencionales”. Si tenemos en cuenta que en general los oyentes de Suárez debían tener equipos musicales de buena calidad , podemos ver cuál era la irrupción que significaba el Lo Fi en Argentina y su “nueva y multidimensional cara”.

Horrible tuvo una tirada de solo 1000 ejemplares. Su reedición, 500. La misma Rosario aclaró en una entrevista radial que sacaron 1000 discos porque era la tirada mínima que pedía la compañía que producía los CD (la cual, dicho sea de paso, estaba a la vuelta de la  casa de ella). Si hubieran podido imprimir 200, lo hubieran hecho.

Pero el coleccionista no debe lidiar solo con un disco de poca tirada. También debe tener en cuenta que el disco posee varios artes de tapas. Tenemos la tapa original, que fue presentada en dos colores diferentes. Una tirada con un sticker como único arte de tapa: la versión minimalista. Y otra edición con una tapa dibujada en el Paint 1.0 por Rosario en sus tiempos de ocio sin Dial Up. La reedición de 20005 es en Digipack y restaura la primera tapa. También hay una curiosa edición en cassette hecha en 2013 por Hallo Discos, hecha para vender en un evento que nuclea a coleccionistas de ese viejo formato!

¿Qué locura no? Pero el viaje no termina acá. La revista Ruido sacó un compilado que es el único que salió en cd aparte de casette.r-3808946-1345243904-3152-jpeg1 Allí hay grabaciones de bandas como Tía Newton (que solo grabó en dicho disco y en otro casette de Ruido). Y en este pequeño tesoro hay dos temas de Suárez. Más influenciados por el Post Punk, pero con la voz grabada como se estilaba en los 90. Uno se llamaBrilla y solo está en el primer disco de la banda. Pero en una versión alternativa y escondido (!) al final del álbum. Suárez estilaba esconder temas y collages sonoros al final de sus obras. Aparecían tras varios minutos de silencio. Varios lo descubrían impresionados, cuando dejaban correr el cd y se olvidaban de sacarlo. Vaya la impresión de descubrir un temazo como Brilla. La otra canción, Desmaya, no fue editada fuera del disco Ruido.

Me dirán: “esto es el paroxismo del coleccionista, una Meca”. Y aún hay más. Galope de 1996 fue editado también en España. Suárez logró llegar allí gracias a sus conexiones con el mítico grupo español Le Mans. La edición española posee otro color y camiones diferentes a los que adornan la tapa argentina. En la reedición de 2005, se alteró el color y se cambiaron los camiones (amén del digipack).

Finalmente, llega el último larga duración de Suárez. Excursiones, de 1999, cierra el ciclo experimental con una propuesta muy accesible. Sin abandonar los solos noise, la capacidad de generar melodías hermosas de Suárez pasa al plano principal: si bien antes se notaba muchísimo, lo que más se realzaba era la experimentación. Pareciera que la tensión entre la canción pop y vanguardia se resuelven en un sano equilibrio (un parecer personal, no creo que los músicos hayan vivido esta tensión). Me arriesgo a sostener que este cambio está atado al  viraje que experimentó el mundo indie por el folk melancólico de discos como el If You Feeling Sinister de Belle And Sebastian. En Excursiones son muy fuertes la presencia de lo acústico y los elementos folk, al igual que en los discos que los escoceses lanzaron en esa época.

Suárez se despidió con un EP, 29:09:00, que posee covers de Le Mans,, pero su discografía está atestada de compilados raros. Sería innumerable listarlos. Se destaca uno lanzado por un  programa del canal de TV Much Music llamado City Limits.capturadepantalla2014-05-06alas17-15-171 Posee un cover raro de La Nueva Flor (banda que posteriormente cambiaría su nombre a Victoria Abril para luego establecerse como Victoria Mil). También hay compilados de la revista española Zona de Obras, del festival Aterrizaje Pop y del compilado oficial del festival de cine de terror de San Sebastián. Todos presentan temas que están en otros discos, pero subrayemos una peculiaridad. El compilado Especial Plan B de Zona de Obras fue lanzado solo en minidisc, formato que ha caído en desuso hoy y que estuvo más ligado al mundo periodístico que al musical.

La última joya es una versión alternativa del tema Niebla Matinal. En realidad es la versión original de dicha canción, presente en el primer disco de los Suárez. Pero no está editada en ningún formato: pertenece a la banda sonora de la película Rapado, una de las primeras obras del Nuevo Cine Argentino, donde actúa la mismísima Rosario. Habría que grabarla desde el DVD del film para poder escucharla luego.

Ya lo ven, gerontes: no todo está en Wikipedia. Los que amamos la música seguimos aprendiendo de ustedes y de sus vivencias, pero aún debemos realizar en algunos casos el camino de ustedes. Y no se olviden que las herramientas las tenemos todos, pero el interés por conocer más de un universo infinito como lo es la música lo tenemos pocos.

Por Victor Tapia

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