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Escribe: VICTOR TAPIA

La institución reconocida a nivel internacional por su formación musical aún no posee una sede propia.  Los alumnos denuncian obras fantasmas, falta de presupuesto y nula inversión en acústica

Por un largo pasillo, se escucha el sonido de un piano. Unos pasos más y se oye una flauta traversa. Cuando no  termina de irse esta  música, llegan el son de una guitarra. Chicos intentan estudiar, pero las distintas melodías solo hacen crecer sus nervios de examen. La mezcolanza no viene de una banda experimental o caótica; es el conservatorio municipal Manuel de Falla y su acústica deficiente, impensable para  una institución de estas características.

El Falla , como le dicen sus alumnos y docentes, nació en 1910 como una escuela nocturna de música. En 1920 adquirió su carácter de conservatorio dependiente de la entonces Capital Federal.  Actualmente es uno de los institutos superiores de enseñanza no universitaria de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Pero durante todo este lapso de años, ha tenido que recorrer muchos barrios porteños. Supo ser una casona de Once, la parte de un hotel de Montserrat, un solar de Balvanera y el sexto y séptimo piso del Centro Cultural San Martín.  Hoy en día, el peregrinaje se ha detenido en el barrio del Abasto, esperando la llegada de un edificio definitivo del cual no hay novedades.

“El principal problema que tenemos es que el edificio donde cursamos pertenece al conservatorio Astor Piazolla, no a nosotros. Hace más de 100 años que no tenemos una sede propia”, dice Agustín, miembro  del Centro de Estudiantes del Manuel de Falla (CEMFA). Lo paradójico es que los orígenes del Piazolla se remontan a 1989: casi 80 años después de la fundación del Falla.

“La falta de presupuesto en la parte edilicia es la causa del problema. Se asignó una partida directa para crear un tercer piso y no construir el edificio definitivo; se formalizó la precariedad. El estudiantado no quiso el tercer piso y por eso la obra estuvo un año parada sufriendo inundaciones”, recuerda Agustín.  Aún se puede ver en la fachada del edificio provisorio un cartel del gobierno de la Ciudad anunciando las obras del tercer piso. Pero basta una recorrida para constatar que éste está clausurado.

Un piso más abajo, dos estudiantes que esperaban un examen  no muestran saber mucho más sobre lo que se esconde detrás del candado. “Cursamos allá por un tiempo, pero era un desastre. Se inundaba siempre. Y después simplemente lo cerraron. Ya no se habla más de volver a abrirlo, aunque siempre ponen carteles en época de elecciones”, nos dijo Pilar, una joven estudiante de flauta traversa. “Un profesor nos dijo que con los 7 mil pesos destinados para la refacción del tercer piso se podía conseguir un edificio apropiado para nosotros”, agrega su compañero Felipe .

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Imágenes de la construcción del tercer piso, que muestran su estado de abandono 

Claro está que para llegar al tercer piso hay que pasar antes por todo el Falla. Y el periplo no es malo para la vista: las instalaciones están en muy buen estado estético y poseen cierto carácter laberíntico. Pero los verdaderos problemas ingresan por el oído: en todos los pasillos se puede escuchar la música que es interpretada dentro de las aulas. No es difícil percatarse de la mala acustización. “Los vidrios son muy delgados. Se escucha todo lo que pasa afuera y adentro”, advierte Felipe. Los estudiantes del Piazolla comparten la misma dificultad, pese a que en general están más contentos debido a que poseen edificio propio. “El establecimiento es muy bueno por ser libre y público. Pero sí hay que acondicionar acústicamente las aulas”, dice Leandro, alumno del Piazolla

Las propuestas para solucionar los conflictos no faltan. “Presentamos un proyecto junto a los vecinos de la manzana 66, de Belgrano y Jujuy (Once). Una empresa compró todos los negocios de allí y los demolió para hacer un estadio; los vecinos frenaron la obra. La idea es construir un edificio en el que funcionen el Falla, la Sala Alberdi, un centro de jubilados y un club deportivo”,  explica Agustín del CEMFA. Lo que parece faltar son las respuestas.     ” En 2014 se presentó el proyecto, pero Marcelo Birman de la Dirección General de Enseñanza Artística siempre nos responde que no hay plata”, confiesa lastimosamente Agustín.  Birman fue contactado por Universo Epígrafe, pero prefirió no responder sobre el tema.

Los parches permiten aguantar la situación. El Falla posee cinco anexos, de los cuales cuatro funcionan en escuelas primarias. Los estudiantes soportan cursar en bancos pensados para niños. “Los administrativos son los encargados de los mismos colegios y no suelen estar capacitados para responder nuestras dudas. Además, en estas subsedes el acceso no es libre y te preguntan un montón de cosas para entrar”, se queja Pilar. El  anexo restante se ubica en la calle Suipacha al 443 dentro de un edificio alquilado. El gobierno porteño paga este alquiler al mismo tiempo que costea las obras inexistentes del tercer piso, pero no destina partidas para una sede definitiva.

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   Sala  de instrumentos del Manuel de Falla

Ante la falta de respuestas, el CEMFA continúa movilizándose. La interna política del Falla es menos compleja que en otros terciarios o universidades. “Una sola lista se presenta para disputar  el centro de estudiantes, mientras que el control del consejo directivo es peleado por dos espacios”, precisa Eugenia , candidata del CEMFA. Esto no impide que el Centro difunda la problemática a través de sus páginas de internet y numerosas volanteadas. Incluso se organiza una vez por un año un  festival junto a otras escuelas artísticas de la Ciudad, con el fin de recaudar fondos. El último encuentro se realizó el sábado 7 de noviembre en la Escuela Metropolitana de Arte. Pagando un bono de solo 10 pesos, se podían ver distintos espectáculos, como un concierto de la orquesta del Astor Piazolla o una interpretación  de canto con caja realizada por estudiantes de la orientación de etnomusicología del Falla. Se notó en él evento una amplia  unión entre los estudiantes, quienes se repartían la creación de afiches y la atención de la parrilla de la peña

Sin embargo, no todo lo que recibe el CEMFA son elogios. “Mi hermano estuvo en el Centro y se fue porque sentía que se votaba todo en contra, no se dejaba avanzar ninguna propuesta”, dijo una alumna que prefirió reservar su nombre. Otros señalan cierto desinterés del estudiantado y los docentes hacia las medidas gremiales. “En general no hay paros y cuando se presentan los profesores vienen a dar clases igual, tienen muy buena voluntad y mucho compromiso”, indica Felipe.

Aulas del Falla

Más allá de la situación política interna, el problema sigue en pie y bastante ignorado, resistiendo incluso a ser usado por las acusaciones típicas de la época electoral. Estudiantes y docentes continúan esperando una respuesta concreta que no permanezca en la promesa; mientras tanto continúan creando música, una pasión compartida universalmente por todas las personas. Incluso,  por quienes tienen en sus manos el poder de mejorar la siempre difícultosa situación de los artistas.

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La falta de instrumentos

Otro problema que afrontan los alumnos del Falla es la falta de instrumentos. “Hay una sola flauta traversa en buenas condiciones”, dice Pilar. “También hay dificultades con la afinación de los pianos. Ninguno está afinado, porque para hacerlo se debe recurrir a un privado y pagarlo mediante el dinero de la cooperadora”, afirma Felipe.

 

   Los anexos del Falla

La sede central del Falla se ubica en Gallo 238, segundo piso. Sus anexos están en:

.Centenera 747

. Salguero 2455

. Humberto 1º 3171

. Camargo 725

. Suipacha 443

 

 

Todas las imágenes capturadas por el CECAP (Centro de Estudiantes del Conservatorio Ástor Piazolla)

 

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