ESCRIBE: Laila Pecheny

Uno de los locales más concurridos de la cadena de restaurantes Fame, ubicado en Belgrano en Ciudad de la Paz 2250, cierra definitivamente entre el 11 y 12 de Septiembre.  Luego de veinte años de trayectoria,sus dueños no pudieron hacer frente al aumento tarifario del nuevo gobierno. “El gas y la luz subieron muchísimo, para un lugar de nuestra magnitud es imposible pagar algo así” dice uno de los mozos mientras entrega un pedido, la responsable del salón principal agrega:  “El predio ya fue vendido, no hay vuelta atrás. El 15 de septiembre se rematan los bienes móviles, como las sillas y las mesas”.

La situación no es nada fácil para los treinta y cinco trabajadores. Su destino aún es incierto y muchos temen lo peor, volver a enfrentarse a un mercado de trabajo cada vez más competitivo, luego de años contratados por el mismo empleador. “A algunos nos quieren mandar al otro local, que es más chico.” – comenta una de las cajeras, mientras cobra un pedido – “pero bueno, después de terminar una etapa  siempre hay nuevas oportunidades, el tema es que sean mejores”.  

Fame, supo convertirse en una verdadera comunidad caracterizada por su divergencia. En el medio de un barrio pudiente, gracias a sus precios populares, el patio de comida rápida supo atraer a la más diversa clientela. En su comedor solían reunirse equipos de apoyo escolar, miembros de la iglesia “Rey de Reyes”, familias y amigos que se reunían a jugar a los juegos que ofrecía el lugar. La gente está  dolida. Jorge, cliente habitual lo confirma: “sí, no nos cayó bien la noticia. Soy viejo y la jubilación no alcanza. Estuve sin gas dos meses entero y veníamos seguido a comer a Fame, a otro lugar no se puede”. Además, los encargados siempre guardaban un plato de comida para quienes no pudieran acceder a los precios.

Durante sus años de esplendor desplegó las más variadas técnicas de merchandising  con singulares atractivos que  lo convertían en un punto de encuentro para los residentes de la zona que supieron resignificar el espacio dándole un sentido cultural. Una particular dinámica, eran las “monedas fame” que los habitués recolectaban por cada compra. Este dinero ficticio, luego podía ser canjeado por distintos comestibles. También ofrecían un Cyber salón, donde los clientes podían utilizar las computadoras de manera gratuita, y  donde muchas veces se dictaban clases de informática o cursos de capacitación. En una de sus vitrinas se leía “Gane Sumando con Fame Fast Food”, exhibiendo diferentes premios, que fomentaban al cliente a volver una y otra vez al espacioso restó.
Otra particularidad era la revista “Fame Magazine” que mes a mes sacaban con notas de autoayuda,. recetas de cocina y ciencias astrológica. Allí se publicaban, también las “NotiFame”, con las más recientes y típicas promociones como “6×5, “Batatas Fritas gratis con tu cena” o descuento para estudiantes uniformados.  

Se caracterizaba por su grandilocuencia en varios aspectos: Su capacidad era de 1000 personas, su mural de cuatro paredes, su pecera rectangular con peces muy grandes, su zona de cafetería  separada por una gran vitrina de la de comida autoservicio.

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