Escribe: Laila Pecheny

Pocas producciones cinematográficas han tenido tantas versiones y reversiones como el film estrella de Hitchcock: Psycho.  Psicosis se estrenó en los cine en los 60 clavados y arrasó.  A pesar de que su guión se basó en una novela homónima escrita por Robert Bloch, el éxito del film fue tal que dejó al texto en un segundo plano. La elección de Anthony

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Perkins encarnando al loco asesino Norman Bates fue un total acierto que dejó plasmado en el cine un estereotipo de antihéroe que además de agradarnos por sus suaves modales, también pudo producir verdaderos escalofríos con tan solo una mirada a cámara. Luego del éxito de la original vinieron la II y la III dirigidas por distintos directores, incluyendo al nota2mismo Anthony Perkins quien quedaría en el imaginario colectivo íntimamente ligado a su protagónico; y después vinieron las parodias las remakes y los guiños, un clásico: la escena mítica de la bañera. En 1990, luego de la muerte de Anthony Perkins,Gus Van Sant realizó una nueva remake del film titulada “Psicosis IV: el comienzo”, pero ni la crítica ni el público adoptaron el film, y  quedó borrada la precuela. Pero a pesar de tanto toqueteo y reverberación,la obra maestra continúa intacta y sin mancharse junto al paradigma Hitchcock que impuso en el cine una  forma específica de crear suspenso teniendonos expectantes a cada minuto.

Pero, más de 50 años nota4después del estreno original,“Psycho” sigue adosando producciones a sus filas., En el 2013, Norman Bates volvió a la pantalla chica de la mano de la cadena yanki A&E, con Carlon Cuse (Serie Lost) en producción. Entonces cualquiera podría haberse preguntado, ¿Por qué volver a producir sobre Psycho si ninguna de las re-versiones pudo ni siquiera competir al lado de la original? ¿no es medio ratón?  ¿no hay que dejar de robar con psycho por lo menos por dos años?. Una precuela sobre la adolescencia de Norman Bates ambientada en el Siglo XXI, que contara sus días de juventud junto a sus madre, sus novias, y todo esto con celulares, tecnologías, autos caros, mafias policiales y narcotraficantes que sostienen la economía del pueblito, parecía cuando menos un cóctel raro bastante poco digerible.

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Pero ahora en el 2016, y pasadas 4 temporadas podemos responder algunos de esos cuestionamientos. La serie es buena y funcionó, lo que pareció empezar siendo una serie de mala monta , terminó siendo un suceso, que ya no es Hitchcock, aunque hable de Hitchcock, Bates Motel es otra cosa y.. ¡Es fantástica! . La interpretación de Vera Farmiga y Freddie Highmore, es sin duda alucinante. Ambos actores se lucen  en sus papeles, Freddie Highmore, el niño de Charlie y la Fábrica de Chocolate, creció pero al contrario de como ocurre con varios niños estrella, sus dotes actorales mejoraron increíblemente, en la serie reencarna un Norman de 17 años, tímido, inocente, con un gran complejo de Edipo y un extraño encanto. A su vez su madre, Norma (Farmiga) es una mujer muy controladora y sobreprotectora que permite a su hijo desarrollar su propia personalidad ni realizar actividades acorde a su edad. La interpretación de Vera Farmiga es hipnótica, se mueve comodamente entre el umbral del insesto y el institnto maternal, entre ser una mujer independiente y fuerte a una Norma frágil, madre soltera y con constantes problemas económicos, con una historia pasada muy difícil.  Este relación constantemente estará en tensión, y el armamento será la manipulación y el chantaje emocional. Sin duda, para los seguidores de Psicosis, esta es la parte más interesante de la serie, ya que el resto es algo diferente, una trama que poco se relaciona con la original, aunque para ver a Norman disfrazado y actuando como su madre, al saga se hace esperar hasta la tercera temporada.  La contraposición de lo nuevo y lo viejo es una de las cuestiones que resultan más raras al comenzar la serie, pero poco a poco uno se va acostumbrando al contraste, las luces de neón del cartel del motel, los animales disecados, el motel y la casa con estética vintage, las ropas de Norman y Norman, las celebraciones tradicionales del pueblo contrastan con la época actual en la que transcurre la serie. Todo parece indicar que el mundo “Norman” se liga a lo antiguo, aislandolo de esta manera de un mundo “normal” que se mueve con las lógicas del Siglo XXI, Norman no encaja en esta sociedad. La introducción de la tramas secundarias sobre la marihuana ha sido una de las “cuestiones más cuestionadas”, que si nota6bien es una de las cosas que mueve la trama, al igual que la de la “prostitución”, es muy poco probable que la matriz psicológica perturbada del Norman Original haya sido a causa de ¿haber vivido en un pueblito económicamente sostenido por el narcotráfico y mafiosos que siempre se meten con su madre?, la segunda de las tramas parece la más realista pero aún así genera dudas. Otra cosa a destacar, es que a pesar de haber claras referencias a una época actual, la serie borra cualquier referencia a sucesos reales, desarrollándose a sí en una especie de temporalidad propia y particular. Desde el comienzo con una Norma y un Norman que llegan al pueblo luego de la muerte del padre de la familia para empezar una vida nueva en el Motel que compran, atrapan al espectador y desde allí la acción no para, todo el tiempo la trama continúa desencadenandose sin ningún estancamiento.  El guión, la ambientación estética, los planos y las iluminaciones, se actualizan a las de Psycho de los 60, con nuevos nota7efectos y técnicas, correspondientes al nuevo siglo. La serie da cuenta de cómo paulatinamente Norman va pasando de ser un cuerdo con algunos problemas de estados catatónicos a sumirse en una locura donde ya no puede distinguir la realidad de la fantasía.  La relación enfermiza que establece con su madre y los misteriosos crímenes que suceden en el pueblo que se muden luego del fallecimiento de su padre ,son el motor que conducirá al jóven e inocente Norman a transformarse en un asesino. En este sentido una de las novedades de la última temporada es el juego psicológico entre la serie y el espectador, ¿Norman o Norma? ya no sabemos cual de los dos es el cuerdo y cual es el loco.  Es una serie psicoanalítica, que trata sobre los trastornos de identidad disociativos, pero también hay algo que nos lleva a pensar, que el destino de los personajes es inevitable, como si la trama en que desarrollan sus acciones fuera en realidad la que las determina, el espectador termina sintiendo pena por ellos y hasta comprendiéndolos.
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