Escribe: Leandro Lozano

Algunos dicen que en la ciudad industrial de Woking– sureste de Londres– el padre del elegante Paul Weller dejó de pagar la boleta del teléfono de la pobre casa obrera donde vivían para bancarle el arreglo de un amplificador . Estaba convencido de que su hijo tenía más pinta de guitarrista que de operario de fábrica. Hoy, varios años después, tendríamos que darle las gracias y prenderle una vela al Weller mayor,  porque nos dejó en la escena musical a uno de los mejores artistas británicos. “Qué hombre, ¿eh? Era un buen hombre, un muy buen hombre. Ni él ni mi mamá tenían estudios. Él trabajaba en la construcción, ella limpiaba casas. No había dinero para mandarme a la universidad. La música fue su forma de sacarme de aquello, de librarme de una vida de trabajos de mierda”, se despachó Paul Weller en una entrevista hablando de la relación que tenía con su padre, quién fue manager de él hasta el día de sus muerte.

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       Woking, ciudad natal de Paul Weller

 Paul Weller debuta con The Jam en el 77. El disco era In The City: diez canciones cargadas de típica rabia punk.  La energía de la banda y la elegancia en escena los transforma en los abanderados del movimiento MOD. Diez años le dedica Weller a The Jam -no por algo se ganó el mote de MODFATHER-.  Por esa época, Paul fue el claro heredero de la crítica social que había dejado Ray Davies de los Kinks. Inmortalizó la vida de la juventud desclasada y desencantada de Gran Bretaña a finales de los años 70 y principios de los 80 con varias letras.  En la ciudad hay miles de caras brillando y esas caras doradas son menores de 25, y quieren decir, y quieren contar acerca de las nuevas ideas,  será mejor que las escuches”, cantaba en In The City. O como aconsejaba en la perfecta y redonda Town Called MaliceEs mejor que te olvides de una vida tranquila / Porque nunca la vamos a tener (…) Lucha tras lucha, año tras año / El ambiente es como una fina capa de hielo / Y estoy casi muerto por congelación / En una ciudad llamada maldad”. Weller con The Jam se quejaba con elegancia, sin arrugar el traje.

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Después de este anfetaminico y elegante debut, los de Woking sacaron un segundo disco: This Is the Modern World. Algunos críticos dicen que este álbum lo lanzaron porque los capos de la discográfica los estaban apretando un poco.  No hubo muy buenas repercusiones para este nuevo trabajo de los muchachos de The Jam y solo largaron un simple: The Modern World.  En el disco se notan las claras influencias de The Who y los siempre eternos Small Faces. Después de esto caería como rayo  la trilogía “clásica”, con All Mod ConsSetting Sons y Sound Affects, a los cuales les  seguiría el más raro, The Gif;  quizás no el más extraño, sino  el que anticipa la separación de los Jam y muestra el próximo capítulo de Paul Weller y los Style Council. El disco tenía ciertas cosas de música negra, soul y funk. Elementos que utilizaría para Style Council  y también para su prolífica y buena carrera solista.

“Estuve en The Jam 10 años, desde los 14. Pasaron cinco hasta el primer contrato. Ese grupo se llevó mi adolescencia. Era el momento de ir a otro sitio”, había declarado Weller. Pero no es que después de decir esto deja la música, no, nada que ver. A Paul se le da por hacer algo donde vomitar sus influencias eclécticas que no tenían lugar en The Jam y funda The Style Council junto a Mick Talbot,  una formación que apostaba más por la música bailable. Además es la etapa donde el Modfather y los suyos  ya  estaban alineados políticamente en la Red Wedge, organización de músicos vinculados al Partido Laborista.

Red Wedge era liderado por músicos como Billy Bragg y los Comunnards, la banda synth pop y new wave de los 80. La asociación se crea para romper y terminar con el modelo neoliberal de Margaret Thatcher.  Los muchachos habían sacado el nombre de  la organización de un cartel del artista ruso constructivista Lisitski. En enero y febrero de 1986 se hicieron un par de recitales donde tocaron los de The Style Council,  junto a The Communards, Junior Giscombe, Lorna Gee y Jerry Dammers. También participaron Madness, Prefab Sprout, Tom Robinson, Lloyd Cole y The Smiths. Después de las elecciones de 1987, y con la tercera victoria consecutiva de Margaret Thatcher, el movimiento comenzó a diluirse, aunque realizaron algún concierto más y editaron la revista Well Red (Bien Rojo)  hasta su disolución definitiva en 1990.

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“Fue mi mayor equivocación. Una vez que te comprometes con esa gente (los políticos) te das cuenta de cómo funcionan las cosas y que se trata sobre todo de sus egos y no de cambiar nada. Es curioso que los egos de los políticos suelan estar más inflados que los de la mayoría de los artistas”, dijo Weller en el 2002 después de su paso por la asociación.

Además de esta etapa cuasi militante que nos legó  Weller con Style Council, también dejó en 1985 un auténtico número 1 en las listas del Reino Unido.  El disco era Our Favourite Shop. Los temas que decidió tocar Weller acá a nivel poético fueron el racismo, el consumismo excesivo; los efectos de los gobiernos egoístas; el suicidio de uno de sus  amigos ; y lo que la banda consideró como una desesperante falta de oposición al status quo. Our favourite fue el único álbum de Style Council que consiguió el número uno.

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“No fue momento para ser no partidista. Era una época demasiado seria, demasiado exagerada. Yo no estaba comprometido con la bandera del Partido Laborista, pero sí con la bandera roja socialista, eso es seguro. En The Jam no quería ser parte de cualquier movimiento. Pero esto era diferente. Thatcher estaba en el poder desde 1979 y desde la Guerra de las Malvinas, que era el poder que estaba flaqueando, los sindicatos estaban siendo desgastados, sufrimos las huelgas de los mineros, había un desempleo masivo, había todas estas cuestiones, y todas importaban, por lo que no podías meter la cabeza en la arena o decir que no te importaban a ti mismo. No podías quedarte al margen. Entonces todo era muy de blancos y negros. Thatcher era una tirana, una dictadora“.

Homebreakers era un ataque directo contra el thatcherismo y los efectos de sus políticas, describiendo el poder del capital para romper las relaciones humanas.  El disco siguiente fue Modernism: A new decadepero su salida fue vetada por la casa de discos Polydor porque los muchachos del sello decían que el disco era de baja calidad.  Este hecho apuró un poco  la ruptura del dúo, y una vez separados el  Modfather formó The Paul Weller Movement, antes de continuar en solitario. Por su parte, Mick Talbot, grabó dos discos junto a Steve White para después armar una nueva banda.  White, además, se dedicó a colaborar y tirarle una mano a Weller. Modernism: A new decade, finalmente fue puesto a la venta en 1998.

Después de tanta vorágine de bandas, discos y éxitos, Paul Weller agarra su bolso y mete “Camelot and the vision of Albion”, de Geoffrey Ashe y “Homenaje a Cataluña” de Orwell. En este último libro el autor de los clásicos Rebelión en la Granja 1984 cuenta su experiencia personal en la guerra civil. Y no es que Weller con su carrera solista estaba yendo a la guerra, pero parece que de manera inconsciente el tipo sabía que tenía que afrontar sólo varias cuestiones.  El primer clavo en la rueda fue la discográfica: Weller tuvo que buscar por otro lado y cayó en el sello GO! Discs, y a partir de ahí comienza su ecléctica y distintiva carrera solista. Una carrera con discos que tienen momentos de calidad y de una inspiración que parecen sacados de otro planeta.  “Hay músicos que graban el mismo disco cada año, o cada dos, una y otra vez. Para algunos está bien, pero yo no puedo hacerlo. Me aburro fácilmente de las cosas”, dijo Weller en una de sus tantas entrevistas donde siempre se tomó su tiempo para ajusticiar y tirar dardos para todos lados. Entre sus víctimas están los gritones de Sleford Mod. 

En 1992 Modfather  vuelve a las pistas con su primer disco solista. Un disco que pareciera estar  un poco influenciada por el “fracaso” de los Council. Weller se nutre una vez más de sus raíces y de la marcada influencia del rhythm & blues de los sesenta. Obviamente siempre todo hecho sin perder el contacto con el funk y ese Groove tan característico de la etapa que estaba dejando atrás con los Council. La prensa inglesa habló del disco de manera solapada y sin muchos fuegos artificiales. En cambio en Japón fue todo un éxito, y no es casualidad porque los orientales tienen una marcada debilidad por la música británica. Después del primer disco, Weller decide sacar enseguida el gran disco que fue Wild Wood. Un trabajo más íntimo y bucólico, obviamente siempre con algún que otro momento de guitarras bien definidas y filosas. La placa alcanza el número dos en las listas de ventas.  Canciones como Can You Heal Us  y Will Wood son una muestra de sensibilidad y  estilo.

En 1995, Stanley Road se lleva el puesto número uno. A partir de ese momento, todos y cada uno de los nuevos trabajos de Weller (sacando recopilaciones y vivos) se llevaron puesto siempre los cuatro primeros lugares de los exigentes “charts” británicos.  Dos años después aparece Heavy Soul y Heliocentry  en el 2000. Después se despacha entre el 2002 y el 2004 dos discos más: Ilumination  y Studio 150. Paul Weller había dejado atrás a The Jam y a los Council. Pero lo que nunca abandonó  fue el pulso creativo de una persona que parecía estar destinada a entregar  la vida por las canciones.

En 2008 edita 22 Dreams  y da un nuevo giro a su carrera. El álbum fue aclamado por la crítica y consiguió unas enormes ventas. Para grabar este disco, Weller despidió a su banda de los últimos años –con la excepción del guitarrista Steve Cradock–, recurrió al productor Simon Dine y flirteo con los más variados estilos, desde la vanguardia al folk, pasando por el R&B y los sonidos latinos. El disco cuenta con varios de sus discípulos, como Noel Gallagher y Graham Coxon .

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Noel Gallagher de Oasis tomando té con Paul Weller

Llegan las primeras noticias en 2010 sobre Wake up the nation Weller explica que el disco empezó a tener vida cuando Simon Dine apareció con algunas ideas para nuevas canciones.  Los dos  se encerraron en el estudio que el productor tiene en Manchester y trabajaron sobre la marcha, sin un grupo fijo de músicos de estudio como en anteriores ocasiones. Así, Steve Cradock, por ejemplo, no participa en todos los temas pero hay invitados de lujo como el batería Bev Bevan (ex Move y ex ELO), Kevin Shields de My Bloody Valentine y Bruce Foxton, el bajista de The Jam con quien Weller no se veía desde, más o menos, uno largos 28 años. Ha sido inevitable que en todas las entrevistas le pregunten sobre esta extraña colaboración. Weller dejó bien claro, que después de  la muerte de su padre llamó a Foxton cuando se enteró que su esposa estaba gravemente enferma y a partir de ahí la magia volvió a surgir entre ellos, al menos para una colaboración.  Muchos críticos osaron hacer analogías con “Wake up the nation” diciendo que el disco era algo así como Stockhausen visitando a los Small Faces en lagunas  y campiñas inglesas a la hora de tomar el té o el whiskie. La propuesta era combinar lo mejor de la música académica vanguardista con el estilo MOD.

Llega “Sonik Kicks” (2012), y acá Weller demuestra psicodelia y modernidad a la vez. Un disco parejo y elegante, con sonidos muy bien depurados. El disco arranca con un tema como Green, cargado de una atmosfera arrebatada y colorida para pasar a una canción como Attic con toda la estructura pop resuelta a la perfección  –Que alguien le hable a Kelly Jones de los Stereophonics, a él que le gusta hacer covers, y que le cuente que  este tema le puede quedar de diez a su voz y a la banda- .

Finalmente después del buen Sonik Kicks, el Modfather reposa solo tres años y tira sobre la mesa Saturn’s Pattern. Otro disco donde Paul pisa el acelerador a fondo y no se guarda nada.  El tema inicial, White Sky,  es una muestra del potencial que Weller todavía maneja, de la energía  que tiene un tipo de casi 40 años de trayectoria.  Mucho rock de los sesenta y setenta licuados por un tipo que ya no tiene edad.

Quizá, después de leer esto, haya  alguien que se pregunte: ¿Pero cómo, no tiene cosas malas este flaco? ¿Es todo bueno lo que hace?……Y sí,  porque depende como se mire no hay muchas fisuras en la carrera de Weller.  Es verdad que no estamos acostumbrados a esto y quizá sorprende eso, pero es lo bueno de Paul. Con The Jam soltó a tiempo, entonces no pifia como muchas bandas que siguen tirando del hilo. Con los Council quizá podemos decir que ahí fue donde más se lo puede criticar, pero uno después se sirve algo para tomar y se prende un cigarro y  escucha  Our Favourite Shop y automáticamente se olvida de todo. Su carrera solista es pareja y sólida. Madura.  Asi que sí, casi todo es bueno en este elegante inglés que además vestía unos trajes impecables acompañados de un corte de pelo que solo el Rod Stewart de los primeros Faces puede igualar aún hoy.

Después de todo lo dicho y todo lo escrito, solo esperamos que Paul Weller nunca se canse de hacer discos, porque la vida con canciones como las que fabrica este señor se hace mucho más llevadera.

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