Escribe: Víctor Tapia

La creatividad es valorada hasta el día de hoy como uno de los pilares más importantes de la creación artística. Pese a que la industrialización de la producción artística es un hecho instalado desde hace décadas,  el modelo idealista del “artista creativo” sigue con total vigencia desafiando a todas las innovaciones tecnológicas que lo cuestionan y colocan en riesgo.

Sin embargo,  la cocina no goza de una concepción similar que sirva para protegerla de las uniformidades impuestas por el mercado.  El gusto de los consumidores exige que los platos reciban la mayor estandarización posible. La comida debe ser siempre la misma y cada restaurante debe ser clasificado rigurosamente de acuerdo a la especialidad a la que se dedica.  La creatividad del cocinero y su capacidad de innovación quedan relegadas a las páginas de publicaciones especializadas y gourmets, que difícilmente logren despertar el apetito de los interesados en romper con la monotonía y probar una opción nueva.

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Gran Dabbang es un lugar perfecto para romper cualquier prejuicio que tengamos contra la cocina de autor y las innumerables variantes que puede ofrecer.  Se trata de un restaurante que pese a estar fuertemente influenciado por la cocina hindú, no se ata a ninguna comida étnica en particular. Los gustos de países muy alejados entre sí son combinados para generar una experiencia única que nuestros paladares nunca olvidarán.

El cocinero Mariano Ramón y la jardinera inglesa Phillippa Robson se conocieron trabajando en Nueva Zelanda.  Sus viajes por Tailandia, Malasia, Vietnam y la India le permitieron incorporar los secretos culinarios de culturas muy alejadas de nuestro país.  Esto no fue un obstáculo para que en 2014 abrieran Gran Dabbang en pleno Palermo: los restaurantes porteños dedicados a la comida del sudeste asiático vienen creciendo desde hace años,  facilitando el desafío de todo cocinero que quiera especializarse en este rubro.

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Pero los creadores de Dabbang no permitieron que éste quedase oculto en las guías de restaurantes étnicos, y decidieron combinar ingredientes que rara vez se habían visto juntos en las mesas porteñas. Esto los llevó a crear distintas genialidades entre las que se encuentran un lomo de liebre patagónica con chocolate ahumado, tamarindo, remolacha, frutilla y shiso (hoja verde típica de Japón). Que nadie se asuste: el chocolate posee pocos rastros de dulzura y encaja a la perfección con la liebre, oficiando como una salsa exquisita. El plato fue tan rico que Universo Epígrafe decidió pedirlo dos veces.

La carta de Gran Dabbang posee numerosas opciones que merecen ser descubiertas una por una.  No pueden dejarse de lado las picantísimas Pakoras de acelga, las cuales son acompañadas de una fuerte salsa tailandesa llamada Sriracha. El acompamiento del yogurt y del dulce chutney de zanahoria (una de las mejores preparaciones del lugar, hay que decirlo) permiten suavizar a este plato tan arrollador.

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Si hay ganas de seguir probando comida picante, se puede pedir otro de los puntos fuertes de la carta: el curry de cerdo, que viene acompañado del pan hindú Roti para desgustarlo con más comodidad.  Tomate, chutney de coco, clavo y estrella de anís son las otras piezas de esta preparación que ojalá fuese más fácil de encontrar en la gastronomía porteña.  El curry ha dejado hace muchos años sus orígenes del sudeste asiático para instalarse en las mesas de países occidentales como Inglaterra, el cual ha llegado a crear restós especializados en él (las famosas “british curry houses”)

Universo Epígrafe se hubiera enojado mucho si los postres no estaban a la altura de la comida principal. Pero por suerte, lo estuvieron e incluso uno de ellos los superó con creces. Por un lado, tenemos el Dabbang negro con dulce de guayaba y hockey pockey de miel de caña. Atención: los “Hockey “son unas dulzuras provenientes de Nueva Zelanda, que deben mezclarse con el dabbang negro si no queremos que se peguen a nuestros dientes.  Por otro costado, tenemos el increíble Dabbang blanco con Rica- Rica (yerba del altiplano) y banana con azúzar Mascabo (proveniente de las islas Mauricio). Los nombres generan susto, la mezcla provoca respeto; pero apenas uno lo prueba, se puede dar cuenta que está ante uno de los mejores postres de la Ciudad de Buenos Aires.  Bien valdría la pena ir a la cocina de Ramón y Robson sólo para degustar esta deliciosa sobremesa.

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Sabores intensos y novedosos son la clave de Gran Dabbang, cuyos precios se pueden consultar en su página de Facebook.  Los costos no son los más baratos ni los más caros, y bien valen la pena por la calidad y experiencia ofrecidas. Cita obligada para un principio de mes, en el cual podemos estar más holgados para acompañar todo de un vino o de la sidra patagónica Pulku (en dos versiones: pera o manzana).  No olvidarse de reservar; las colas llegan a los 40 minutos de espera. Desde ya, Universo Epígrafe aconseja ir a este magnífico lugar que combina tantas culturas distintas para hacerlas explotar en nuestra boca.

Gran Dabbang 

Dirección: Scalabrini Ortiz 1543

Teléfono: 4832 – 1186

Horario: lunes a sábado de 20 a 24 horas

Facebook: facebook.com/grandabbang/

Fuente de las imágenes:

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