Universo Epígrafe comparte un excelente cuento escrito por el lector Hernán Schamber. Una historia dura y descarnada, que muestra a lo perfección muchas de las cosas que miramos en la calle sin que nos animemos a verla. La fantástica ilustración es de Giuliano Lorca.  Recuerden mandarnos sus textos para publicarlos en los Epígrafes Literarios de cada viernes!!

                                   Las Bolsas del Hambre

Después de dos meses de buscar, por fin conseguí trabajo. Ya me quedaba poco dinero. Entre como empleado de limpieza en una empresa de catering. Me toco el horario nocturno, por lo tanto quedábamos en el lugar el vigilador y yo. No teníamos prácticamente contacto, él no se podía mover de la entrada. No era una labor difícil. La elaboración de comida exige cierto orden y limpieza, solo me limitaba a dejar en condiciones las instalaciones y sacar la basura.

Las bolsas se tiraban en un conteiner ubicado en la parte trasera de la empresa. Siempre las sacabas antes de irme. No recuerdo con exactitud cuándo comenzó, pero cada noche lo primero que tenía que hacer  era levantar toda la basura alrededor del conteiner. En busca de las sobras, rompían las bolsas y quedaba todo tirado.

No me gustaba levantar la basura, así que decidí esperar a quienes buscaban comida entre las bolsas de residuos. Les propondría sacar  las sobras en una bolsa separada. De esta forma, evitaría limpiar el desorden que provocaban. Debía hacerlo con cuidado, sin que se entere el vigilador. Estaba prohibido, las sobras comestibles debían tirarse.

Para mi sorpresa, los que rompían las bolsas eran dos chicos, debían tener alrededor de 12 años y lucían como los típicos chicos de la calle. Me acerque y les comente mi plan. Asistieron con la cabeza. De a partir de ahora, la bolsa blanca contendría las sobras. No pronunciaron ninguna palabra, tomaron las sobras y se fueron. Me dedicaron un tímido saludo con la mano.

A espaldas del vigilador, la entrega de la bolsa blanca continúo normalmente. Antes de irme, los dos chicos me esperaban al lado del conteiner. Sacaba las bolsas, entre ellas la blanca; los saludaba con un gesto y me dirigía a la parada del colectivo.

Al llegar al trabajo, el vigilador me comento que por un par de días la empresa no funcionaría. Tareas de mantenimiento. De todas formas, yo continuaba con mi rutina habitual. Antes de irme, voy al conteiner. Me esperaban los dos chicos. “Muchachos, hoy no hay nada. Por dos días, esta todo parado porque están trabajando los de mantenimientos”

Asistieron con la cabeza y se fueron. En la parada del colectivo me los vuelvo a encontrar, sentados en los bancos, estaban aspirando pegamento. “Chicos, que hacen?! No sabes que eso te hace mierda!! Que son, Boludos!!!!”. El que esperaba su turno para aspirar, se animo a contestarme: “es que nos saca el hambre”. No dije más nada…. Solo me limité a esperar el colectivo.

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