“La lucha cultural se manifiesta de la forma más aguda justamente en el punto donde se encuentran y cruzan tradiciones distintas y opuestas. Las tradiciones no son fijas para siempre. Las culturas se cruzan constantemente: las luchas culturales pertinentes surgen en los puntos de cruzamiento.” (Hall, 1984)

Escriben: Laila Pecheny y Víctor Tapia

Abandonar la avenida Jujuy para adentrarse en Cochabamba ciertamente provoca en el usuario de las calles porteñas un sentimiento de respeto. Ese pedazo de San Cristóbal que empieza a parecerse a Constitución.  Un estacionamiento oscuro, la alegría de los laburantes que terminan de trabajar en esta noche de viernes.  La entrada iluminada de un galpón que no hace juego con el resto de la cuadra.  El humo de los Virginia Slims empuñados por ellas, bien empilchadas y perfumadas, en la fila en la que alguien quiere revender una entrada que le sobra. “Chicas, chicas pónganse acá”,  se escucha decir a una que luego se da vuelta y pega el grito en el cielo: “¡ayyy! hola divina! que bueno verte de nuevo”. La otra le contesta “nos sobra una entrada, ¿ustedes ya tienen?” La amiga le responde que sí, que más vale que no iba a arriesgarse a perderla.  Pero la secunda diciendo:  “¿quién quiere una entrada, rifamos una entrada mas baratita! (…) después ponemos las mesas todas juntas, como siempre”.   Dentro de los camarines, una de las leyendas del rock and roll argentino se prepara para salir al escenario.

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“Apenas perceptibles, escucho tus palabras, se acercan las bandas de rock and roll y sacuden un poco, las paredes gastadas y siento las preguntas de tu voz” (Sui Generis, 1973)

1967, Los Gatos, y antes, silencio. Un silencio atronador, un punto donde parece no haber nada. Pero detrás del silencio aún se escuchan los ecos, las guitarras, las baterías, los viejos rocanroles. Entre los finales de los 50 y los principios de los 60 existió un movimiento de Rock and Roll argentino con composiciones propias cantadas en español. Johnny Tedesco (Alberto Felipe Soria) estuvo allí, fue parte de ello y hoy es uno  de los mitos vivientes de nuestro Rock and Roll.  Y tiene a su favor el testimonio más contundente: su propia música,  que puede disfrutarse en cualquiera de los tantos recitales que ofrece año a año. Y su público lo sabe bien.

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La previa

Pasan Jazz y Rock. El escenario esta vacío pero las luces ya juegan en el aire.  La gente se acomoda, en las pocas mesas y las muchas sillas. Se mueven de acá para ya, se reúnen en grupos y se amontonan en la barra para pedir pizza o unas cervecitas. Se desabrochan las camisas y se arremangan. “Apurate y andá al baño que ya empieza”; ¿Puedo usar esta silla?”. El calor que anuncia la tormenta es  infernal, y no hay ventiladores ni ventanas. Pero todo eso no importa, ellos son los fieles.

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El show

Humo, luces, batería, bajo y segunda guitarra. Estalla la tormenta. Johnny “el one” sale a la pista. A sus 72 años, se presenta jovial e inquieto. Sonriente y juguetón con su amado público. Su alegría e impecable estética empiezan a desplegarse con una acelerada reversión de Presumida, un clásico de su repertorio de los 60. En esa época lo acompañaba una banda más que impactante: el guitarrista Lito Aiello (otrora estrella del sexteto jazzero de Washington Bertolín), el pionero de José “Toto” Pomar (¡primer bajista eléctrico del país!) y Fernando Bermúdez, el baterista que también acompañó a Sandro y supo denunciar la historia oficial del rock en plenos años 70.

Hoy los nombres cambiaron, pero el ritmo y la energía siguen intactas. Hombres jóvenes acompañan a Tedesco, mostrando que el rock and roll se transmite de generación en generación. Alan Soria, hijo de Johnny, imprime un sello de modernidad virtuosa en su guitarra eléctrica. Atrás quedaron los sesentosos arreglos de  Oscar Toscano,  a favor de un estilo que recupera  lo mejor del rock and roll y blues.

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“Tú  sin caviar y sin faisán no vives feliz, mientras yo solo quiero bailar rock and roll. [..] pero si a ti tan solo el vals te convence un nuevo nombre te voy a poner, presumida, presumida, presumida… [..] dejar el rock no me lo pidas jamás. Puedo ir a tus conciertos y vestirme de frac, no quiero que me trates   de cambiar como tú…”  Esa es la letra con que Johnny empieza sus recitales, la cual fue compuesta por los mexicanos Teen Tops para castellanizar el clásico de Cliff Richard High Class Baby. Paradójicamente,  algunos consagrados insisten que antes de 1967 solo había pasatismo y suelen cargar sus dardos contras las letras de Teen Tops: quizás no advirtieron que ellos contraponían el rock and roll al frac, el caviar y el faisán.  Tedesco trajo este tema al país, probando que la crítica social no comenzó con la contracultura hippie de fines de los 60.

Después de semejante descarga de energía, Johnny sabe que es hora de saludar al público y tranquilizar los ánimos.  Por eso da paso a Soy Latinoamericano, una canción que compuso en 1971 junto a Mauricio Zlacberg y que conjuga los aires country con una defensa de la identidad latinoamericana. “Tengo cobre, carne y trigo, y un amigo que es muy pobre”, “Herederos de la tierra postergada, lo tenemos todo y no tenemos nada”, “Latinoamericano yo soy, latinoamericano como es tanto lo que tengo, me lo quitan de la mano” ¿Comercial, frívolo, complaciente? La letra es contundente, clara, precisa. “Latinoamericano, mi pueblo ya está maduro, voy en busca de mi futuro que es latinoamericano”. Quien quiera oír que oiga, pero no hay peor sordo que aquel que no quiere hacerlo.

Y llegan las referencias a sus ídolos. Johnny toca otro clásico romántico de sus dorados 60, Demonio Disfrazado. Una hermosa reinterpretación de “ (You´re the ) Devil in Disguisede Elvis Presley,  canción también grabada por el legendario Sandro. A esta altura del recital, los coros nostálgicos del público se han extendido por completo. Elvis seguirá siendo una constante del show, gracias a Reconsider Baby y Little Sister.

Otro grande de  la música estadounidense se hace presente, merced a  una respetuosa interpretación del clásico de  Roy Orbison: Pretty Woman. El correcto inglés de Tedesco es bailado y celebrado por muchos de lo concurrentes.  Este galpón de San Cristóbal se reactiva y nos recuerda que el baile frenético fue  la primer gran rebelión que inventó el Rock and Roll en la década del 50. El público sacude su cuerpo y hacen resucitar el espíritu transgresor, que habla y provoca no tanto con las letras sino con el cuerpo.Y no es sólo abajo del escenario: en las venas de Tedesco el rock se mueve con sensualidad y desenfreno. Seamos francos: la ROCKEA con todas las letras. Además lo acompaña la tremenda performance country de Hugo Cuello, quien baila con su esposa al ritmo de la música con unos sombreros grandes de cowboy y botas blancas. 

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El romanticismo mexicano  se incorpora con Dame Felicidad, la canción que tantas alegrías dio a Enrique Guzmán de los Teen Tops (reversión de Free Me de Johnny Preston). Éste fue uno de los estribillos más coreados en la noche , antes de seguir con el clásico country de Buck Owen And The Buckaroos: Act Naturally.  “They’re gonna put me in the movies . They’re gonna make a big star out of me . We’ll make a film about a man that’s sad and lonely.  And all I gotta do is act naturally Quizás Johnny haya tomado esta letra a modo de himno autobiográfico, recordando su participaciones en El Club del Clan o en filmes humorísticos de la talla de Cleopatra Nueva Ola, donde fue protagonista  junto a la actriz de renombre popular de Niní Marshall.

El blues eléctrico se encarna en Golpe de Suerte, una de las mejores inclusiones de la noche. Pocos saben que la banda de Tedesco puede blusear de una manera pesada y brutal . La canción  pertenece al último disco de Soria (50 años de Rock And Roll, 2011) y fue compuesta junto a Fernando Goin. Un músico que atesora más de seis mil discos de blues y folk en su casa de Caballito,  y que ha podido conocer  en persona a Albert Collins y a Taj Mahal.  Justamente, Goin fue uno de los invitados de la noche y mostró los temas nuevos que compuso junto a Johnny. Esperamos que sean lanzados prontos, porque son unas hermosas canciones acústicas en las que quedan patentes el virtuosismo de Goin en guitarra y voz (¡y qué voz!), y la actualidad de las dotes compositivas de Soria.

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Fernando Goin y Johnny Tedesco

Es el momento de un corte en el que un animador sortea unas tazas conmemorativas. Mientras la gente se fija si el número de su entrada es el ganador, Universo Epígrafe decide consumir una cerveza colorada Hércules de alto grado alcohólico: una de las mejores inclusiones de la carta de Galpón B. Pero apenas empezámos a degustarla cuando Johnny volvió con toda la polenta cantando el furioso blues Golpe de Suerte. Un tema de 1995, creado por la misma dupla que integra junto a Goin y que merece la atención de todos los fanáticos de la música negra. Es hora de que el periodismo musical hable de la relación entre Tedesco y el blues, y que  rescate joyas como La Gata de Piel Oscura: un desconocido temón de 1969, en la cual los mismísimos  David Lebón y  Claudio Gabis acompañaron en bajo y batería. Un simple olvidado que prueba que Johnny podría haberse incorporado al movimiento que nació con Pappo´s Blues y Pescado Rabioso, pero que lamentablemente chocó con los prejuicios de una pseudo intelectualidad hippie.

El desenfreno sigue su curso con la clásica Blue Suede Shoes, en la que un invitado dio una verdadera cátedra de rock and roll. Carlos Rotondaro, un multiinstrumentista todo terreno, nos deleita con su voz que hace un gran  honor a su jopo y loock rockabilly.  Una de las mejores sorpresas de la noche y una deuda musical en la que Universo Epígrafe promete indagar.

Elvis sigue vivo con Love Me y A Fool Such As I. Las composiciones propias de Soria  retornan con el alegre himno La Vida Es una Sola, en la que deja claro cuáles son las convicciones que guían sus avanzados años. Le siguen Miss Claudia y otro crudo rockazo: Larguémosnos de Acá, digno de ser transmitido por las radios clásicas del género.

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El Cierre del Telón

Y el final vuelve al principio, a los mismos orígenes del rock and roll, garantizando que Johnny tiene toda la razón al reclamar un lugar entre los creadores del rock argentino. Su clásica composición propia Coqueta vuelve en un electrificado lavado de cara, renovando así a uno de los estandartes del twist argentino. “No aguanto más tu presumir , ni tu manera de ser. Que te pintás, que te peinás, ya no te aguanto más. ¡No seas tan coqueta, no resisto más!” , grita esta canción que refiere a las mujeres de alta alcurnia manteniendo la línea de Presumida.

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Rápidamente, la banda interpreta Great Balls Of Fire de Jerry Lee Lewis; la ausencia del pianista que no pudo asistir al recital se pudo suplir con creces gracias al virtuosismo del grupo . Y vaya decisión acertada tocar este tema tan movido antes de que se hiciera paso el mismísimo Rock del Ton Ton,  que como bien le dijo Johnny al público le ha permitido presentarse en festivales internacionales como el Rocking Race. Esta canción de 1961 fue grabada por Soria cuando poseía solo 16 años, dándole un salto a la fama y al éxito masivo. Un rockabilly cantado en español que antecedió a La Balsa por seis años y que demuestra que el rock and roll era moneda corriente en el país. Por si las pruebas parecen pocas,  aprovechamos para recordar que Tedesco lo compuso en 1959 dentro de su casa de Villa Urquiza. El mismo barrio en el que vivieron otros creadores del rock argentino: Eddie Pequenino y  Johnny Carel. Y es ahí donde nos surge otra interrogante al que consideramos no se le ha prestado la suficiente atención. Algo pasa en ese barrio, algo pasó allí a finales de los 50. Allí alguien creo su propio Frankenstein dándole vida al Rock and Roll argentino.  

El video es una subida propia de Universo Epígrafe

La emocionante despedida cabalga sobre una alocada versión de Johnny B Goode de Chuck Berry, anteriormente grabada para el programa televisivo que el rockero de Urquiza condujo a  fines de los 90. Y el cierre de oro es un bis de Presumida.  Agradecido por todos los elogios que Johnny les dedica a lo largo del recital, el público enfila para saludarlo y sacarse una foto con él.” Johnny, sacate una foto conmigo! Sabés que tengo una foto con vos de cada vez que te fui a ver, te adoro” –dice una joven chica rubia mientras posa. Luego del flash el espontaneo camarografo le pide que haga lo mismo. “Yo a Johnny lo conozco desde La Cueva. Yo era menor de edad y tenía que falsificar el DNI”,  dice otra mujer mientras abraza a su amiga.  Universo Epígrafe no es menos y mantiene un emotivo diálogo con Soria, quien nos abraza y  agradece por la nota referida a su baterista Fernando Bermúdez. Alentándonos,  garantiza una entrevista exclusiva en la que repasaremos a fondo su carrera.

El Rock and Roll ya existía en Argentina antes de los 70 , de una forma tan clásica y eufórica como la que se vivió en Estados Unidos.Los argentinos tenemos  una deuda pendiente: recuperar en la memoria colectiva a los pioneros musicales del país.

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Fuentes de las imágenes

Subidas propias

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