“Gracias al rock dejé las calles, las navajas y las cadenas, y agarré una guitarra. Dejé la campera de cuero y las pandillas. El rock me salvó. Me salvó de que fuera quizás un delincuente.

        Roberto Sánchez (Sandro)

Escribe: Víctor Tapia

Universo Epígrafe tiene el orgullo de presentar esta entrevista que le realizamos al licenciado en comunicación y periodista Pablo Sergio Alonso, quien lanzó a fines de 2016 “La Música de Sandro. Cómo se hicieron sus canciones” (Gourmet Musical Ediciones). Esta obra representa a una verdadera revolución en la historiografía del rock argentino, debido a su exhaustividad y rigurosidad  poco vistas en los autores “consagrados” y “reconocidos”. Los invitamos a conocer como fue la “cocina” de esta investigación indispensable para ahondar  en Sandro  y en los verdaderos orígenes de nuestro rock. Su precisión conceptual supera por lejos a todo lo que ha ofrecido Universo Epígrafe sobre la temática, y es un verdadero lujo poder incluirla dentro de nuestras páginas. 

GM Sandro Cubierta 05 Curvas

Para empezar, contanos un poco de vos mismo a modo de presentación personal.  ¿Cómo recordás los orígenes de tu interés por la música? ¿Qué formación musical has tenido, en cuanto  a la práctica de tocar instrumentos o formación en teoría musical? ¿Qué música empezaste escuchando, y con cuál te sentís más identificado actualmente?

La música me interesa desde pequeño. A los seis cantaba algunos tangos y también había descubierto (si se los puede “descubrir) a los Beatles. Siempre fui de gustos amplios. Como dicen las modelos, “escucho de todo”: de Schönberg a Sandro. Tuve estudios formales e informales de teoría y práctica musical, y siempre trato de seguir aprendiendo, más no sea por ósmosis. Toco los instrumentos típicos de una banda de rock, algunos mejor que otros. Como buen fan de George Harrison, me gusta tocar el ukelele (también me gustaría tocar el slide como él, pero todo no se puede). Y tengo en casa otros instrumentos que están esperando ser medianamente dominados. Lo que más satisfacciones me ha dado, de todas formas, es hacer canciones. Y lo que más escucho, cuantitivamente, gira alrededor de ellas.

Sos licenciado en ciencias de la comunicación. ¿Qué te motivó a estudiar la carrera? ¿Con cuál de todas sus vertientes estuviste más relacionado en tu vida profesional o te sentiste más vinculado?

¡Parecía una buena alternativa en su momento! En serio, reúne en una misma carrera distintas áreas de mi interés. Siempre estuve más vinculado por el lado periodístico o crítico; entiéndase esto último en el sentido académico que la carrera otorga al término.

sandro tel

Contanos de tu rol como colaborador en publicaciones de la talla de Clarín, Los Inrockuptibles, o Rec Or Play.

Siempre escribí sobre música, salvo en ocasiones puntuales en Clarín o en otros lados. El tipo y extensión de cada colaboración siempre depende  de las particularidades de cada medio

¿Cuándo empezaste a realizar investigaciones sobre música? ¿Cuáles fueron las primeras que emprendiste? Contanos de tu tesina dedicada a estudiar  la coherencia global y las competencias puestas en juego en la obra de Frank Zappa

Depende que entendamos por investigación. Para un medio, fueron algunas tapas para la revista Rec Or Play. En lo personal, siempre tuve una gran curiosidad, sea para armar listados de rarezas de los Beatles para encontrar en piratas, o escuchando -digamos- Some Girls de los Stones y tomar nota de qué parte de guitarra es (o creo que es) la de Richards, cuál la de Wood, y cuál la de Jagger. O sea, para mí, investigar es un proceso en el que aprendo algo nuevo sobre un tema que me interesa, independientemente de si la investigación tiene o no las formalidades de un medio de comunicación.

sandrooo

A la hora de hacer una tesina para graduarse, estoy convencido de que hay que investigar y escribir sobre algo que en verdad te interese. Sabía de la existencia de textos que leían a Zappa desde un prisma adorniano, pero aunque mencioné eso lateralmente en la tesina, trabajé su obra como un todo desde una perspectiva semiótica, tomando para eso muchos conceptos de la semiótica musical, que no se ve en la carrera. Sucede que Zappa percibía a su obra como una unidad con sentido interno donde cada “proyecto” (disco, película, entrevista) remitía a un mismo “objeto”. A esa correlación, Zappa la denominaba “continuidad conceptual”.

   ¿Qué ventajas y desventajas sentís que te otorgó la formación en ciencias de la comunicación a la hora de investigar sobre música?

Un bagaje crítico aún con lecturas que no necesariamente están relacionadas con la música. Los textos de Adorno me han marcado, más allá de si estoy o no de acuerdo con sus ideas. Pensándolo bien, también hay cierto rigor metodológico que debe haber quedado en algún rincón de mi mente. No se me ocurre ninguna desventaja.

  ¿Cómo empezó tu interés por Sandro? ¿Su música te acompañó desde joven o la disfrutaste de más grande? ¿En qué momento su obra te pareció un objeto de estudio interesante?

Sandro, al igual que Charly, son esos nombres con el te familiarizás incluso antes de escucharlo. Al menos en una época era así. Pero bueno, el “Rosa, Rosa” siempre estuvo. Le empecé a prestar atención conscientemente a fines de los noventa. Influyó en esa época la reedición de su catálogo de los sesenta, en especial sus discos pre-masividad, que son los discos que certifican su lugar dentro del rock hecho acá.

charlo

Sandro y Charly

¿Cómo fue la génesis del libro sobre Sandro? ¿Decidiste de antemano el tipo de análisis que ibas a realizar o fue algo que se fue dando de a poco?

La génesis está en una tapa para la revista Rec or Play que me puse a pensar la misma noche en que Sandro murió. Fue una nota en donde entrevisté a músicos que trabajaron con él en distintos tramos, desde Adalberto Cevasco del Black Combo hasta Sebastián Giunta, su último pianista. En base a ese recorrido por su carrera, surgió la propuesta de hacer el libro. Originalmente, pensaba llegar hasta principios de los setenta y luego hacer un pequeño apéndice, pero ya ves que no fue así (risas).

¿Qué investigaciones anteriores tomaste como referencia? ¿Pudiste tomar  referencias de autores argentinos o en cambio, estuviste más influenciado por investigadores extranjeros?

Quise probar en aplicar el formato tema a tema, sesión a sesión que tanto disfruto en libros sobre músicos anglo. Casi todas las referencias están citadas en la bibliografía: hay libros sobre Beatles, Dylan, Sinatra, Beach Boys, Kinks, Who y otros que han marcado el camino. Y no sólo libros: afuera, pero no acá, es moneda común la existencia de páginas web que funcionan como verdaderos  trabajos de investigación y volúmenes de referencia virtuales. Lamentablemente, acá no existe una tradición similar. El año pasado se publicó un texto sobre la importancia de las investigaciones hechas por fans en Internet, dentro de una compilación de ensayos de nivel irregular, dedicados a los Beatles, New Critical Perspectives on the Beatles – Things We Said Today. Del terreno local, o mejor dicho rioplatense, tengo que citar como una gran influencia a Guillherme De Alencar Pinto y su biografía sobre Eduardo Mateo, Razones Locas, con un nivel de investigación y atención al detalle que debería ser el estándar. Y en nuesto país hay un libro, Piazzolla – El Malentendido escrito por Diego Fischerman y Abel Gilbert, con el que discrepo en un montón de cosas pero le reconozco la voluntad crítica de no dar por hecho los discursos y relatos que ya pasan como historia. Algo que también hace Ian Bell, quien escribió una biografía crítica de Dylan en dos volúmenes.

¿Qué opinión poseés sobre la bibliografía que existía hasta el momento sobre Sandro? ¿Qué visión tenés sobre la bibliografía existente sobre rock argentino?

De todos los libros sobre Sandro se puede sacar algún dato duro o cita valiosa, aunque no hay ninguno que me guste puntualmente. Incluso un autor “con firma” sacó un libro con fritas mientras Sandro esperaba el trasplante, que al leerlo da la sensación de que se pasó una tarde en el archivo de Clarín y poco más, aunque algunas citas me sirvieron. Por dar otro ejemplo, también hay un libro que parece escrito por una fan medio desquiciada, que en medio de toda esa locura tiene listas de temas de distintos espectáculos de Sandro de los ochenta. Esas listas incluían temas que no fueron publicados en disco, entonces ya por eso ese libro me resultó útil.

En cuanto al rock argentino en general, hay de todo. La oferta se ha ampliado notablemente en los últimos años pero aún estamos cortos en rigor investigativo y densidad crítica. ¿Cuál es el parámetro, por ejemplo, para que en el libro sobre Rock Nacional de Fernandez Bitar –que ya tiene varias reediciones; o sea, ya se podría haber refinarlo- se consigne en la discografía todos los discos de Alejandro Lerner y ninguno de Sandro? No quiero poner a todos en la misma bolsa, pero fijate que de todos los libros sobre Cerati/Soda Stereo aparecidos últimamente, el único que te dice algo sobre la separación del grupo que no haya sido previamente publicado en un medio gráfico es la autobiografía de Zeta Bosio. Algunos siguen escribiendo como si no existiera Google o Wikipedia (aunque, es cierto, las entradas de rock argentino allí son por demás pobres) y el saber fuese algo a lo que unos pocos pueden acceder, como si estuviésemos en la época de El Nombre de la Rosa. El tema no es sólo tener buenos datos, sino saber cómo articularlos.

bitar

Tu análisis tiene como materia prima las entrevistas a músicos y protagonistas de la época. ¿Cómo fue el proceso de selección de entrevistados y el plan de trabajo para llevar a cabo las entrevistas? ¿Cómo elegiste las preguntas que les ibas a realizar a cada uno? ¿Qué obstáculos fuiste encontrando?  ¿A quién no pudiste entrevistar para el libro, y te gustaría poder hacerlo?

Fui listando los entrevistados que necesitaba para cada período y los fui ubicando de distintas formas: guía telefónica, contacto de prensa o de otros músicos, Google, Facebook; lo que hiciese falta. Un par nunca contestaron (Billy Bond, Javier Martínez), otro se negó a través de su secretario (Palito Ortega); a uno no pude ubicarlo y luego murió (Adolfo Pino). Hubo un par de negativas más, pero estas me interesaban particularmente.

Con los entrevistados, la idea fue repartir las preguntas de acuerdo a la relevancia de cada uno, pero sabiendo que así como hay preguntas que es necesario hacérselas a más de una persona -para cotejar datos u opiniones- hay entrevistados que están vinculados al sujeto de estudio de tal manera que se hace necesario repartir el cuestionario entre otros entrevistados. Es decir, Jorge López Ruiz es, para mí, el entrevistado más importante referido a un período de Sandro. Pero aunque le hice un montonazo de preguntas, había cuestiones que era mejor preguntárselas a otras personas que estaban en condiciones de responderlas porque, si no, la entrevista con López Ruiz –pese a que fueron varias charlas y contactos- se hubiese hecho eterna, y no quería arriesgarme a agotarlo y perder esa fuente: históricamente, él no ha hablado mucho sobre Sandro; aquí, por suerte, logré que se preste de buena manera a colaborar con su testimonio y opiniones. Y un punto importante es que tenés que jugar con los tiempos de los demás, y también respetarlos: a veces, hay que esperar meses por una entrevista; insistir repetidamente… en fin, los gajes del oficio del periodista o investigador.

jorge lopez

Jorge López Ruiz

Has emprendido un camino tan virtuoso como dificultoso: la búsqueda de datos de discográficas referentes a las fechas de grabación y edición, y de planillas que contengan los nombres de los músicos que participaron en cada grabación. Pero te has topado con la ausencia de la mayoría de los documentos. ¿Cómo afrontaste esta dificultad? ¿Cuánto tiempo te llevó esta recolección de información? ¿Qué rol cumplieron los recuerdos de los músicos y los datos aportados por coleccionistas, quienes te pudieron alcanzar una joya como el simple de Los Pólvora?

Las planillas hasta el ‘71 las conseguí de un coleccionista que había trabajado en Sony. Después, se paranoiqueó con temor a Sony y no sólo no quiso estar más en contacto, sino que tampoco me quería contactar con quien tenía el papeleo del resto de la década del setenta en CBS. Afortunadamente, llegué a esta persona, Claudio Palacios, a través de otro coleccionista e investigador (Andrés E. Jimenez quien fue que me hizo saber del simple de Los Pólvora… ¡que bajé de Internet!). Claudio no sólo me dio los papeles de grabación de los setenta, sino que desinteresadamente compartió sus archivos de prensa, discos, y demás. Entre una tanda de planillas y las otras pasaron muchos meses, quizá casi un año. En ese tiempo prácticamente enfrié el libro. Lo lógico hubiera sido seguir trabajando por otro lado. Pero bueno, cosas que se aprenden.

La falta de datos de los años RCA fue cubierta en parte por el archivista de BMG dentro de la Sony, Luis Herman, quien me ayudó a reconstruir las fechas a partir de estimaciones hechas de números de matriz. Cabe recordar, como también señalo en el libro, que aunque ahora estén bajo una misma compañía, las maneras de archivar y conservar la información de CBS y RCA eran distintas, de ahí la disparidad de documentos. Para cubrir todos los baches –también están los baches en AADI o el Sindicato de Músicos- está la memoria de los involucrados, el archivo de notas y el oído y la capacidad deductiva de uno. Pero aún si estuviese todo completo, tampoco sería garantía de veracidad total. Por ejemplo, muchas veces las planillas del sindicato de músicos estadounidenses no reflejan exactamente quiénes tocaron en una sesión de grabación o quiénes quedaron en la versión final que se editó.

fuego

    También has emprendido un análisis musicológico de las canciones. Contanos cómo encarás la escucha de cada tema y los pasos a seguir para el análisis.

Me decís musicología y pienso en “Musicology”, un disco y canción de Prince. No pensé en el análisis musicológico durante la realización del libro. No ayuda que una nota que escribí para la revista Viva haya sido reproducida en la web de Clarín con un copete escrito por algún genio al que se le ocurrió que yo era musicólogo. En fin… volviendo a tu pregunta, vas pasando de una escucha más casual a otra que considera detalles de composición, arreglos, producción, interpretación, estableciendo conexiones tanto con lo que vino antes como con producciones contemporáneas, tanto dentro como fuera de la obra de Sandro.  Con las letras, a veces las leía; aunque cabe tener en cuenta que, como pasa incluso con grandes letristas, las letras funcionan mejor dentro de la canción que transcriptas en verso en una página. Por supuesto lo que vas a buscar en una grabación de Sandro no es lo mismo que vas a encontrar en una de King Crimson

    Tu trabajo es vital para reconstruir cómo era el mercado discográfico en la época: las obligaciones de grabar covers y los negocios de las editoriales que hacían traducciones quedan al descubierto. Por otro lado, también describe a la perfección,la división del trabajo profesional con productores, arregladores y orquestas, representantes, etc. ¿Decidiste de antemano que querías referirte al tema en la investigación o descubriste que el repaso de la obra de Sandro permitía clarificar cómo se fue dando esto?

Era parte del plan desde el vamos, porque no podía limitarme a hacer un análisis exclusivamente musical como se hace en libro sobre los Beatles, por ejemplo, y pienso hacer ahora sobre Charly.

    ¿A qué fuentes recurriste para buscar archivo de revistas, diarios y radios? ¿Qué información te aportaron para la investigación?

Archivos de Clarín, de coleccionista y de bibliotecas. Obviamente, Internet ha sido muy útil, y hay una mayor cantidad de información disponible ahora de la que había hace siete años. Incluso se puede obtener información de discografías en lugares como Ebay o Mercado Libre, además de los sitios dedicados a eso como Discogs. También es muy piola que se hayan escaneado las colecciones de revistas de la industria como Billboard, Cashbox y Record World. Además de los datos, estas fuentes de archivo son importantes para hacer “hablar” a protagonistas que ya no están, como el propio Sandro.

  ¿Cómo accediste a la documentación personal de Sandro sobre su música? ¿Cómo encaraste el análisis y qué tipo de información encontraste?

Ya con el libro terminado, conseguí que me allane el camino Graciela Guiñazú, quien maneja la relación de Olga Garaventa, la viuda de Sandro, con la prensa. No sólo pude apreciar el proceso de escritura de letras (y tener evidencia de cómo muchas veces escribía las letras sobre el pucho, antes de entrar a grabar), sino que encontré muchos textos inéditos. Lamentablemente, hay solo un par de casos en que Sandro colocó acordes a las letras, con lo cual, si bien muchísimas de esas letras eran canciones, no quedan registros de la música, excepto quizá en alguna grabación casera fuera de mi alcance; grabaciones que muy posiblemente no estén debidamente catalogadas, si es que aún existen. Pude comprobar, también, que era cierta su repetida declaración de que tenía mucho material que no encajaba con lo que vendía como Sandro. No pretendí hacer un análisis como si fuesen los manuscritos de Dylan sino, como dije, echar más luz sobre el proceso creativo.

partitura

¿Cómo fue el estudio de las  partituras de Sandro publicadas?

Las leía y las tocaba en la guitarra o en teclados (en un momento intenté pasarlas a MIDI pero iba a resultar muy engorroso), y eso me permitía formarme una idea. En verdad, ya con leer la letra y ver los acordes podés tener una primera aproximación hacia dónde encajan esas canciones en el contexto de su repertorio

    ¿Qué sentís que te faltaría en la investigación para hacerla más completa?

Obviamente, documentos faltantes: planillas con los músicos partícipes de cada sesión, fechas de  grabaciones en RCA, fechas de las sesiones vocales de Sandro (que, como explico, en la mayoría de los casos no ocurrían el mismo día que la grabación de los instrumentos), o las últimas partituras que Sandro registró en vida; composiciones que trabajaba en teclados y que jamás tuvieron edición comercial (en el libro explico el porqué no las comenté). También me hubiera gustado conseguir algunas entrevistas más, como ya mencioné antes. Después, en el terreno de lo imposible, claro, hubiera sido ideal entrevistar no sólo a Sandro sino a Oscar Anderle, Jorge Leone y Oscar Cardozo Ocampo.

anderle

Oscar Anderle 

   Tu libro es uno de los pocos que se animan a decir claramente que el rock argentino comenzó antes de lo que indica la historia oficial. ¿Por qué creés que la historia aún le niega su espacio de precursor a Sandro, Pequenino, Tedesco, Johnny Carel y tantos otros?

Voy a opinar por el caso puntual de Sandro, ¿si? Cuando el rock se comienza a constituir acá como el movimiento que quedaría en los libros, Sandro ya la estaba pegando haciendo otra cosa. Entonces quedó del lado de la grieta de “los complacientes” frente a un nosotros “progresivo”. Pero es algo que no se puede sostener históricamente, porque entonces, el Elvis más comercial, el que hacía en los sesenta películas y discos que no tenían nada que ver con el desarrollo del rock, debería haber invalidado su período en Sun y sus primeros discos en RCA. Y las grabaciones de Sandro más exitosas son notablemente mejores que el Elvis de mediados de los sesenta, quien de todas maneras termina la década en gran nivel.  Dicho de otra forma, con el criterio de los que han escrito los libros de historia del rock argentino, una parte considerable de los ingresados al Salón de la Fama del Rock and Roll tendrían sus membresías invalidadas.

Además, por dar otro ejemplo, hay casos como el de Carlos Bisso, que ha sido ninguneado por “comercial” pese a su nivel como cantante, cuando en esa época en Estados Unidos había montones de intérpretes de perfil similar que eran y son respetados incluso por la crítica.

En el libro criticás que se considere a Rebelde y a La Balsa cómo la génesis del rock sólo por su supúesto carácter “contracultural”. ¿Por qué creés que al rock argentino se le exige esa característica, cosa que no le es demandada al rock internacional?

Primero, quiero decir que “La Balsa” me parece una canción maravillosa y que la expresión en su letra es totalmente sincera, como lo es la de “Rebelde”. Más allá de si es o no la primera, la importancia de “La Balsa” en la historia del movimiento es indiscutible. En cambio, el lugar que ocupa “Rebelde” es más que nada una construcción de canon periodístico; ni siquiera sé si llamarlo crítico. Segundo, la explicación va vinculada a la respuesta anterior y merece una respuesta mucho mas larga que esta. Me limito a resaltar que el concepto de “rock”, sin el “roll” comienza a utilizarse en Estados Unidos la segunda mitad de los sesenta, pero allí eso no borra lo que vino antes, porque se reconocen a figuras fundamentales como Presley -aún domesticado- o Berry. Aquí, en cambio, primó una narrativa de “nosotros vs ellos”. No sé cuánto influyó el clima político de época en el país; en Estados Unidos con Johnson/Nixon/Vietnam no estaban mucho mejor. Hay que estudiarlo.

Fuentes de las imágenes:

gourmetmusicalediciones.files.wordpress.com/2016/11/gm-sandro-tapa-web-1.

superclasica.com/wp/wp-content/uploads/2015/03/Oscar-Anderle-1.png
http2.mlstatic.com/1968-argentina-partitura-sandro-slow-el-maniqui-D_NQ_NP_630001-MLU20261479713_032015-F.jpg
cdn01.ts.infobae.com/adjuntos/164/imagenes/013/795/0013795235.jpg
edant.revistaenie.clarin.com/2010/01/09/thumb/lmerle_sandro(2).jpg
3.bp.blogspot.com/-2J7Jz4JrN-0/VdS4QnV-SkI/AAAAAAAAE2o/Wvl87_-79ts/s1600/Rompan-Sandro-Charly-Garciagrabaron-Shakers_CLAIMA20150818_0313_28.jpg
mla-s1-p.mlstatic.com/4014-MLA116972808_4925-P.jpg

Anuncios