Escribe: Hernan Schamber
Ilustración: Giuliano Lorca

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Mi suerte estaba echada. En este negocio, “quedarse con un vuelto” es sinónimo de muerte. Lograron su objetivo pero no les resulto fácil. Además de llevarme a varios conmigo, no pudieron atraparme con vida. Nadie sabe dónde está el dinero. Me lleve el secreto a la tumba. Sabiendo  cual era mi destino, decidí jugar mi última carta.

Desde chico estuve rodeado de gente que practicaba “magia negra”, “ocultismo” o como quieran llamarle pero nunca me intereso. Lo mío siempre fue lo terrenal: nada de dios, espiritualidad y esas cosas. No tenía nada que perder salvo mi alma. La cuál no estaba muy seguro de poseer. En caso de ser cierto el asunto del cielo y el infierno… ya tenía asegurado mi lugar… no precisamente junto a Dios.

Me acerque a la casa, convertida en algo parecido a un templo, de Jaö. Un amigo de la infancia. En el barrio, todos evitan el lugar. Desde chico andaba en esa movida. Ahora tenía su lugar totalmente decorado con extrañas figuras, iluminado solo con velas. Le comente mi situación y le propuse el trato. Me miró fijamente por unos minutos para luego aceptar con una sonrisa.

No fue una gran ceremonia. Me corte la palma de la mano y sostuve una estatua de extraño aspecto. Mientras la sangre brotaba y bañaba la figura, Jaö recitaba en un idioma que no comprendía. Una semana después vinieron por mí y ya saben lo que sucedió.

Es curioso, ahora recuerdo claramente un asado en donde conocí a un sepultador.  Cuando era adolecente empezó a trabajar en el cementerio y con el tiempo, noto que los cuerpos tardan mucho más en descomponerse que antes. Según su teoría, era por la gran cantidad de conservantes que tiene los alimentos. Los conservantes continúan actuando en nuestros cuerpos aún después de muertos. Realmente espero que sea cierto porque el trato todavía no se cumplió. Sigo esperando en la nada misma, la oportunidad de volver a vivir. Aquí solo hay oscuridad y más oscuridad. No sucedió como esperaba. Estoy empezando a pensar que me engaño, que el trato tenía unas cláusulas que no me dijo. La famosa “letra chica”.

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