Escribe: Leandro Lozano 

Ken Loach sabe bien como es la clase trabajadora, porque tiene sobre sus espaldas varios años acumulados luchando desde su cine por los desprotegidos, los trabajadores y la justicia social. Hace unos meses, Loach dijo en una entrevista: “El mayor cambio que hemos sufrido en el último medio siglo es que se ha pasado de la solidaridad colectiva a la avaricia privada”. Y en esas frase demuestra una vez más que a sus 81 años el tipo sigue observando la realidad con el mismo ojo que cuando filmaba películas como Riff Raff o The Navigators.  La nueva obra del inglés sigue esa línea: la del desclasado y desprotegido.  ‘Yo, Daniel Blake’  ya es palma de oro en la última edición del festival de Cannes y lo tiene bien merecido. La película es sencilla, corta y al pie: Blake es un carpintero de esos que trabajan por su cuenta, que se ganan el mango solo cuando son recomendados de boca en boca en el barrio por su buena forma de trabajar y, sobretodo, porque no te mata con el precio final. El primer problema aparece cuando  su médico le prohíbe trabajar por algunos problemas que Blake tiene en su corazón. Hasta acá es todo más o menos normal, cosas que pasan en la vida,  pero cuando interviene el estado (siempre tan complicado y con ganas de joderla), se pone todo mucho más dramático.  A Blake no quieren darle de baja y lo mandan a buscar un nuevo trabajo. En el medio podemos ver al pobre tipo sufriendo con miles de llamados y escuchando la irritante música de espera, además de recorrer varios trabajos y rebotar como pelotita de flipper. El periplo y la duda del señor Blake, la disyuntiva de poner en riesgo su vida o su fuente de ingresos para comer es el leit motiv de la película. Finalmente la búsqueda y la lucha contra el sistema burocrático del estado terminan quebrando más la salud del cincuenton que  su propia dolencia física. Ken Loach lo hace una vez más, y logra con muy poco que uno se sienta vulnerable y termine pensado, inevitablemente, que “Yo, Daniel Blake” se puede transformar en “Nosotros, Daniel Blake”.  

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