Universo Epígrafe lanza una tremenda primicia que implica un cambio rotundo en la historiografía del rock argentino y exige una revisión urgente de muchos de sus postulados: recuperamos un decreto de la municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires emitido el 26 de febrero de 1957, en el que se sancionaban los movimientos del baile del rock y se habilitaba a la policía a detener a los jóvenes bailarines!!!

Quienes sostienen que el rock argentino comenzó entre 1966 y 1967 con canciones como La Balsa y Rebelde, suelen esgrimir un argumento bastante flaco: los grupos de rock anteriores no habrían sido contraculturales, y simplemente habrían sido parte del mero entretenimiento y pasatismo.  Bandas como Los Gatos habrían venido a  liberarnos de una supuesta larga noche dominada por la “malvada” nueva ola y una música que teóricamente respondía al sistema , hundiendo a la juventud en una alegría “boba” y “complaciente”.

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Eddie Pequenino, primer rockero argentino

Pretender que un género musical se define por el contenido “contracultural” o ideológico” de sus letras es una aberración teórica, que no es utilizada en ningún otro país del mundo.  Nadie en su sano juicio diría que la música de Bill Halley no es rock debido a que sus letras no tienen contenido político. Nadie impugnaría los maravillosos primeros discos de The Beatles por solo contener temáticas de amor.

Pero decir la verdad parece estar pasado de moda, y los adalides de la falsedad insisten en exigirle “contracultura” al rock. Uno de los comentarios más intimidantes e insultantes que recibió Universo Epígrafe en su carrera impugnaba así al primer film sudamericano y argentino de rock recuperado por el blog, Venga a Bailar el Rock:

Perdon pero no es Rock, por más que repitan 100 veces la palabra Rock, es simplemente rock and Roll, musiquita para bailar y luego irse a dormir temprano. El Rock estremece las estructuras de su amado régimen de buenas costumbres, esto de era película no le hacía ni cosquillas…el verdadero Rock aunque que no les guste llegó unos años después, cuando la cana se llevaba cada día 100 hippie adentro. Era la época en la que no sólo se pensaba en bailar sino tb en romperle el orto a tu sistema, chao. 🙂

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 Ésta la carga teórica e histórica de la cual parten los apóstoles de La Balsa: el mero insulto y agravio sin ningún contenido probatorio, que desprecia a los padres de nuestro rock and roll por hacer una música bailable, todo a caballo de faltas ortográficas y canchereadas. Es la misma ideología reaccionaria y conservadora que operó en los “manzanazos” y “tomatazos ” recibidos por Virus cuando se animó a desafiar al establishment rockero e insistir en que el pensamiento y el baile no debían estar separados. 

Según nuestro amable comentarista, el rock and roll no es rock. Sería interesante saber cómo puede argumentar semejante esperpento teórico desde un análisis musicológico. ¡Ahora nos venimos a enterar que Elvis y Chuck Berry no hacían rock! Pero eso no es todo: según él, el rock argentino de 1957 solo pensaba en bailar y no “rompía las estructuras de su amado régimen de buenas costumbres”

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Virus

Quizás este escriba de veneno y leyendas no se dio cuenta los cortos que eran los shorts usados por las bailarinas del film de la época, o de la gran sexualidad de los bailes. Es probable que tampoco haya escuchado al primer baterista del rock argentino, Jorge Padín, recordando como ciertos sectores decían que los bailes del rock eran “diabólicos”. Queda claro que la ignorancia es el peor delito que se le puede asestar a la historia.

Pero desde Universo Epígrafe redoblamos la apuesta: no sólo sostenemos que las letras contraculturales del rock argentino arrancaron antes de 1967, sino que afirmamos que la rebeldía rockera se canalizaba a través del baile y la sexualidad expresadas en éste.  Los anglosajones no discutirían esto, ya que bien recuerdan como las cámaras estadounidenses evitaban enfocar la pelvis de Elvis cuando se bamboleaba en televisión.

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Jorge Padín, primer batero del rock argentino

Pero en Argentina la cuestión es muy distinta: los historiadores y periodistas no han hecho bien su trabajo y han escogido el camino de la calumnia y la mitología barata. Por eso , decidimos finiquitar estas mentiras mediante documentos históricos irrefutables. Gracias al trabajo académico de la investigadora Valeria Manzano titulado ” Ha llegado la “nueva ola”: Música, consumo y juventud en la Argentina, 1956 – 1966 ” nos hemos enterado de la existencia de un decreto que sancionaba los movimientos del baile del rock prohibiéndolos so pena de detención policial. Ningún artículo periodístico o libro de historia de rock ha mencionado a esta normativa tan fundamental para reconstruir los orígenes del rock argentino.

Manzano prendió la mecha y nosotros hicimos el incendio. Mediante un pedido de acceso de información al Boletín Oficial de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, accedimos a un facísimil del represivo decreto creado por Ernesto Florit, militar nombrado en su cargo de intendente municipal por el dictador y presidente de facto Pedro Eugenio Aramburu.  Es la primera vez que un artículo periodístico reproduce una copia de esta norma y hace referencia a su contenido.

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Programa de el Concurso de Baile de Rock And Roll, con Eddie Pequenino. Aportado por Alejandro Molinier

El decreto alegaba que “los incovenientes derivados de la práctica del baile denominado rock and roll”  tanto en Argentina como en otros países afectaban la “salud física y moral de la población” y derivaban en “actitudes, gestos y normas extravagantes“. En defensa de las “buenas costumbres“, se disponía:

.La prohibición de “exageradas contorsiones, prácticas acrobáticas o figuras que afecten el normal desarrollo de las reuniones danzantes, o en forma que pueda afectar la moral y las buenas costumbres, o cuando degenere en histerismo colectivo, fricciones y/o golpes violentos”

. La autorización al ” personal de policía municípal -Inspección General y Dirección de Espectáculos”  para cesar los bailes con concurrencia de la fuerza pública

.La obligación de fijar “copia del  texto legible del decreto en lugar visible de los respectivos locales” donde se bailaba rock.

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Queda claro que al gobierno porteño le molestaba tanto el baile del rock que permitiá a la policía sancionar a los chicos que lo practicaban si consideraba que afectaba a la moral. El poder de la policía era totalmente discrecional. Por otro lado, que el decreto se haya emitido el 26 de febrero de 1957 no es casual: días antes, Eddie Pequenino amenizó los concursos de baile de rock del Luna Park, del que conservamos el programa y dos videos que evidencian cuán desaforadas eran las acrobacias de los chicos.

El decreto justifica en el tercer párrafo las prohibiciones en base a  los bailes de este histórico concurso . También refiere a la manera en que los jóvenes bailaban de manera exaltada el rock and roll dentro de las salas de cines que proyectaban películas como Blackboard Jungle (Semilla de Maldad), Rock Around The Clock (Al Compás del Reloj; Bailando el Rock) o Don´t Knock The Rock (Celos y Revuelos al ritmo del Rock). Estos incidentes fueron testimoniados por el mismo Sandro, quien aseguró en una entrevista concedida a Julio Guichet en 1987 que “cuando aparecían los títulos [de Blackboard Jungle] se armaba” (Alonso; 2016 p. 29).  El decreto reza:

 “Que el conocimiento de hechos ocurridos recientemente a raíz de exhibiciones de películas o concursos del titulado «rock and roll” , así como las noticias publicadas por la prensa en general, acerca de hechos similares y ocurridos en otros países, pone en evidencia lo inconveniente de tal práctica, por las derivaciones que la interpretación exagerada de tal danza por parte de los participantes en la misma, ha ocasionado […]” 

Valeria Manzano ha reconstruido cómo los chicos desafiaron el decreto mediante el baile,  probando cuán valiente y contestatario era el rock previo a la Balsa:

“Muchos jóvenes desafiaron la puesta en práctica del decreto municipal,
reclamando el que percibían como su derecho a disfrutar de sus
prácticas de ocio y diversión. Tras la exhibición de Celos y revuelos (Fred
Sears, 1956) —una teenpic que, además de mostrar a Little Richard cantando
“Long Tall Sally” y “Tutti Fruti”, justamente cuenta la historia de
cómo los sectores más conservadores de un pequeño pueblo norteamericano
prohibieron la danza del rock y cómo chicas y chicos, ayudados
por el disk jockey y promotor del rock Allan Freed, finalmente ganan la
batalla— al menos un centenar de jóvenes se lanzaron a las calles. Tras
tomar simbólicamente la plaza que rodea al Obelisco, simplemente se
quedaron bailando. La policía llegó pronto y, nuevamente, dos docenas
de jóvenes terminaron pasando la noche en comisarías por “resistir a la
autoridad”. Entrevistados por Clarín, tres de ellos aseguraban que solamente
querían bailar en “una hermosa noche de verano” y hacer “lo que
todos los jóvenes en el mundo hacen”. A la pregunta de qué encontraban
tan persuasivo en el rock, respondieron que era básicamente “el sentido
de movimiento: es rápido, es nuevo”. Si bien ninguno pensaba en abandonar
otras prácticas de baile y otros gustos musicales, querían aprovechar
el “ritmo de la juventud” Los “rebeldes” evitaron cualquier crítica
abiertamente política del decreto municipal. En cambio, apuntaron a
subrayar su reclamo del derecho de compartir con sus pares en otros
países una música y un baile que, imaginaban, los estaba uniendo. (Manzano; pp. 25 – 26 de www.perio.unlp.edu.ar/catedras/system/files/manzano._ha_llegado_la_nueva_ola.pdf)

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Programa de los filmes de rock que hacían bailar a los jóvenes dentro de los cines (enero de 1957, un mes antes del decreto)  Aportadas por Alejandro Molinier

A continuación transcribimos el contenido del decreto y adjuntamos un facsímil de él. Esperamos que esta verdadera revelación ayude a construir una historia revisionista de nuestro rock, tan vapuleado por intereses oscuros e inconfesables que nos han dominado por años. 

FIJANSE NORMAS PARA LA· REALlZACION
DE CONCURSOS, COMPETENCIAS Y
PRACTICAS DE LA DANZA DENOMINADA
«ROCK AND ROLL»
Decreto N.o 2009.
Buenos Aires, febrero 26 de 1957.
Visto la nota que antecede por la cual la Dirección de
Espectáculos comunica los inconvenientes de diverso orden
derivados de la práctica del baile denominado «rock
and roll», y
CONSIDERANDO:
Que en el anuncio de los bailes organizados con motivo
de las próximas fiestas de carnaval incluye, en general,
una destacada propaganda acerca de concursos,
realizaciones de competencias y participación especial en
la práctica de la referida danza;
Que el conocimiento de hechos ocurridos recientemente
a raíz de exhibiciones de películas o concursos del
titulado «rock and roll” , así como las noticias publicadas
por la prensa en general, acerca de hechos similares y ocurridos en otros países, pone en evidencia lo inconveniente de tal práctica, por las derivaciones que la interpretación exagerada de tal danza por parte de los participantes en la misma, ha ocasionado, todo lo cual revela la necesidad
de adoptar disposiciones tendientes a reprimir
aquellos inconvenientes;
Que la simple realización de bailes exóticos, si bien
no resultaría observable, no es, en cambio, cuando de ello
se derivan actitudes, gestos y normas extravagantes, por
cuanto en esa forma afecta la salud física y moral de la
población;

Por tales consideraciones, en defensa de las buenas
costumbres y en uso de las atribuciones que le confiere
el arto J76 de la Ordenanza de espectáculos y diversiones
públicas del 9-XII-910, CD. 778.9,
El Intendente Municipal
DECRETA:
Artículo 1.° – Déjase establecido, con carácter general,
que la realización de concursos, competencias y
prácticas de la danza denominada «rock and roll» u
otras semejantes, sólo será permitida en tanto la misma
sea realizado con arreglo al ritmo normal de su música,
quedando prohibido hacerlo mediante exageradas contorsiones,
prácticas acrobáticas o figuras que afecten el
normal desarrollo de las reuniones danzantes, o en forma
que pueda afectar la moral y las buenas costumbres, o
cuando degenere en histerismo colectivo, fricciones y/o
golpes violentos.
Art. 2.° – El personal de policía municípal -Inspección
General y Dirección de Espectáculos- podrá disponer,
con el concurso de la fuerza pública, el cese de los
bailes públicos autorizados o no, cuando se estime que
la inclusión o práctica del «rock and roll” u otros similar.es,
degenere y motive los inconvenientes señalados en
este decreto, pudiendo igualmente cancelar los permisos
concedidos, en caso de que, hecha la prevención del caso,
se pretenda insistir en aquellas circunstancias.
Art. 3.° – Las empresas, entidades o personas organizadoras
de bailes o espectáculos públicos, en los que se \
incluya, en cualquier forma, la práctica de baile denomina’
nado «rock and roll» u otros análogos, deberán prevenir
a la concurrencia o participantes acerca del contenido
del presente decreto; fijando copia de su texto legible
en lugar visible de los respectivos locales.
Art. 4.° – Recábase de la Jefatura de la Policía Federal
la pertinente colaboración, a los fines determinados
por el arto 2.°.
Art. 5.° —.: El incumplimiento de las previsiones que
qnteceden, sin perjuicio de lo determinado por el arto 2.°,
será penado de conformidad con la ordenanza 12355.
Art. 6.° Dése al Registro Municipal, publíquese, y
a sus efectos, comuníquese a la Dirección de Espectácu-,
los e Inspección General, las que formularán las notificaciones
y prevenciones correspondientes. Previamente,
diríjase nota acordada

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Fuentes bibliográficas

Alonso, Pablo Sergio. 2016. La Música de Sandro. Cómo Se Hicieron Sus Canciones. Gourmet Musical Ediciones

“Ha llegado la ‘nueva ola’: Música, consumo y juventud, 1956-1966, en Isabella Cosse, Karina Felitti y Valeria Manzano, eds. Los 60’ de otra manera: Vida cotidiana, género y sexualidades en la Argentina, Buenos Aires, Prometeo, 2010, en prensa y en “The Blue Jean Generation: Youth, Gender, and Sexuality in Buenos Aires, 1958- 1975,” Journal of Social History, Vol. 43, No. 3, primavera de 2009. Recuperado en: http://www.perio.unlp.edu.ar/catedras/system/files/manzano._ha_llegado_la_nueva_ola.pdf

Boletín Oficial de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

El coleccionista Alejandro Molinier

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